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Chapter 5: La oferta de la élite

Julián recibe una oferta de alianza de Valeria Kross, quien revela que la deuda de Julián es una herramienta de las casas fundadoras. Un ataque de rivales obliga a Julián a usar la técnica prohibida, lo que atrae la atención definitiva de la Academia y marca su armazón como 'activo peligroso'.

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La oferta de la élite

El zumbido del Chatarra ya no era el chirrido agónico de metal viejo; era un pulso rítmico, denso, que vibraba a través de la plataforma de mantenimiento como un corazón artificial. Julián Varela observaba la interfaz con los dientes apretados mientras las venas de energía azul, alimentadas por el núcleo, se entrelazaban con el blindaje de grado militar que había arrancado del patrullero en la última escaramuza. La tasa de incompatibilidad biológica, antes una sentencia de muerte, había caído al 14%. Sin embargo, el alivio era un espejismo: el sistema de la Academia parpadeaba en rojo sobre su consola: Activo peligroso. Vigilancia de nivel 3 activa.

—Si sigues alimentándolo con piezas de ese calibre, Julián, no solo vas a fundir el chasis. Terminarás perdiendo la conexión con tus propios nervios —la voz de Valeria Kross cortó el aire estancado del hangar con la precisión de un bisturí.

Julián se limpió la grasa negruzca de las manos con un trapo raído, sin apartar la mirada de las placas que se ajustaban solas, soldándose al armazón con una precisión orgánica. Valeria estaba allí, impecable, con el uniforme de la Academia que parecía repeler la mugre del sector de desguace. Ella no miraba el desorden; escaneaba el potencial con una urgencia calculadora.

—El Director Aris ya tiene el sello de confiscación listo —continuó ella, dejando caer un datapad sobre el banco de trabajo—. Pero no es él quien mueve los hilos. Tu deuda fue comprada por una de las casas fundadoras. Aris es solo el perro que cuida la puerta. Si quieres sobrevivir al Ciclo de Hierro que comienza al amanecer, deja de jugar a ser un chatarrero.

Julián sintió un frío glacial. El Ciclo de Hierro no era una prueba de habilidad; era un mecanismo de eliminación diseñado para que los armazones de bajo nivel colapsaran bajo una sobrecarga de voltaje constante. Al insertar el chip de datos que Valeria le entregó, los registros encriptados revelaron la verdad: la arena estaba amañada. Su muerte no era un riesgo, era una variable calculada en el presupuesto de la Academia.

—¿Por qué me das esto? —preguntó Julián, con la voz ronca.

—Porque necesito que me enseñes a inducir esa técnica —respondió ella, inclinándose hacia adelante. Su altivez habitual había desaparecido, reemplazada por una necesidad desesperada de validación—. Esa sobrecarga energética que hace que tu armazón baile entre la chatarra y la tecnología prohibida. Aris me está vigilando, pero tú eres el único que ha logrado lo imposible: domar la inestabilidad. Enséñame, y la deuda será tuya para romperla.

Antes de que Julián pudiera responder, un estruendo desgarró la pared trasera del taller. El metal se retorció hacia adentro con un chirrido agónico. Rivales de la Academia, atraídos por la estela energética del Chatarra, no habían venido a negociar. Un rayo de energía de pulso impactó contra el soporte del armazón, haciendo que el núcleo azul emitiera un destello cegador que iluminó todo el sector.

Julián no dudó. Activó la técnica prohibida, canalizando el pulso del núcleo a través de sus propios nervios. El dolor fue una descarga eléctrica que le recorrió la columna, pero el Chatarra respondió, levantándose sobre sus pistones hidráulicos con una agilidad inhumana. Con un movimiento fluido, Julián bloqueó el siguiente disparo, redirigiendo la energía hacia los atacantes. El taller se convirtió en un infierno de chispas y metal fundido.

Cuando el silencio volvió a reinar, la entrada del hangar estaba bloqueada por los drones de la Academia. La luz de los reflectores de seguridad barrió el lugar, deteniéndose sobre el Chatarra. La interfaz de Julián lanzó un aviso final, un destello rojo que no se apagaría:

ESTADO: Activo peligroso. Confiscación inminente.

Julián miró a Valeria, quien observaba la escena con una mezcla de horror y fascinación. La oferta estaba sobre la mesa, pero el precio ya no era solo su lealtad táctica; era su libertad, ahora bajo el escrutinio absoluto del sistema que juró destruir.

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