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Chapter 3: El precio de la visibilidad

Julián enfrenta la presión del Director Aris, quien bloquea sus ganancias y le impone un ultimátum de ascenso. Mientras intenta reparar su armazón con recursos limitados, descubre que el núcleo azul posee propiedades de auto-reparación orgánica. Tras un breve enfrentamiento con Valeria Kross, Julián entra en el Ciclo de Hierro, donde su armazón comienza a mutar bajo el estrés de la prueba.

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El precio de la visibilidad

El aire en el despacho del Director Aris no era aire; era una mezcla estéril de ozono filtrado y la frialdad metálica de los registros de deuda. Julián Varela permanecía de pie frente a la mesa de obsidiana, con las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta desgastada para ocultar el temblor residual de sus dedos. Sobre el escritorio, el terminal proyectaba un holograma parpadeante: los 500 créditos que Julián había ganado en la arena permanecían encerrados tras un sello digital rojo, inaccesibles.

—Tu victoria contra Kael fue… ineficiente, Varela —dijo Aris sin levantar la vista. Sus ojos, fríos como sensores ópticos, seguían el flujo de datos de la Academia—. Utilizaste una sobrecarga energética que no figura en los manuales de mantenimiento. Eso no es talento, es vandalismo contra tu propio equipo.

Julián apretó la mandíbula. —El Chatarra es mi armazón, Director. Si sobrevive a la sobrecarga, es mi riesgo —respondió, manteniendo la voz firme a pesar del nudo en su garganta.

Aris finalmente lo miró. Una sonrisa delgada, desprovista de calidez, se dibujó en su rostro. Con un gesto seco, envió una nueva orden al terminal de Julián. Un cronómetro rojo apareció en la interfaz ocular de su implante: 168 horas. —Tienes una semana para ascender tres rangos. Si fallas, el Chatarra será confiscado y tu cuenta de estudiante purgada. La Academia no financia errores —sentenció Aris, despidiéndolo con un movimiento de mano.

En su taller clandestino, el olor a ozono quemado y desesperación era asfixiante. El Chatarra lucía como un cadáver metálico, con sus placas de blindaje serie-C desalineadas y una red de fracturas que cortaban su chasis como cicatrices. Julián no tenía acceso a piezas de grado académico; sus créditos seguían cautivos. Solo le quedaban restos rescatados de los contenedores industriales.

—Si no cierro esta brecha en el núcleo, el Ciclo de Hierro me convertirá en chatarra de verdad —murmuró. Al activar el soldador manual, el núcleo azul en el pecho del mecha despertó. No fue una ignición normal; el núcleo pulsó con una intensidad violenta, un latido eléctrico que recorrió los cables dañados. Ante sus ojos, el metal de desguace que él había soldado comenzó a licuarse y a fluir como si fuera arcilla caliente. El núcleo no solo emitía energía, la proyectaba sobre la estructura, fusionando la chatarra con el armazón de forma orgánica. Julián sintió una advertencia de 'Incompatibilidad Biológica' en su interfaz, pero la ignoró; el Chatarra estaba operativo, vibrando con una frecuencia antinatural.

Mientras ajustaba un perno en el actuador, el eco de pasos firmes lo detuvo. Valeria Kross se detuvo a unos metros, su presencia impecable contrastando con la mugre del sector.

—Tu técnica fue ineficiente, pero efectiva —dijo ella, sus ojos recorriendo la armadura oxidada—. Nadie de tu rango debería conocer el flujo de sobrecarga de núcleo clase-A. ¿Quién te vendió ese software ilegal?

Julián se limpió la grasa del mono, sintiendo el peso del cronómetro. —No es software, Kross. Es instinto. Pero si tanto te preocupa la técnica, deberías preguntarle a Aris por qué los registros de emparejamiento de ayer fueron manipulados para que yo me enfrentara a los peores riesgos.

Valeria se quedó rígida. La mención de la corrupción sistémica pareció fracturar su seguridad. Se marchó sin responder, pero su mirada ya no era de desdén, sino de una observación peligrosa.

Finalmente, la Arena de Pruebas vibró con el anuncio del Ciclo de Hierro. La voz de Aris resonó por los altavoces, fría y letal: —Los armazones que fallen bajo la presión del campo de energía serán decomisados. El ciclo comienza en diez segundos.

Julián se acomodó en la cabina. El Chatarra crujió, pero esta vez, el metal respondió a su sistema nervioso como una extensión de su propio cuerpo. Mientras el campo de energía se expandía, el núcleo azul estalló en una luz cegadora, absorbiendo la sobrecarga de la arena y transformándola en potencia pura. El reto de Aris era una trampa, pero Julián estaba a punto de romper la escalera.

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