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Chapter 12: Más allá de la Escalera

Julián y Valeria logran escapar de la academia tras sabotear el nodo de extracción de qi. Kael, acorralado por la evidencia, les permite huir para salvarse a sí mismo. La secta superior purga la academia, pero Julián conserva la prueba irrefutable de la corrupción, comprendiendo que la academia era solo el primer peldaño de una jerarquía mucho más vasta.

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Más allá de la Escalera

El aire en el Nivel Inferior ya no era un fluido respirable; era una estática densa, saturada de ozono y el hedor metálico de los meridianos sobrecargados. Julián Varga se apoyó contra la pared vibrante del nodo de extracción, sintiendo cómo el suelo bajo sus pies se fracturaba en una red de grietas luminiscentes. Frente a él, Valeria Solís mantenía una postura de acero, aunque la palidez de sus nudillos, aferrados a la empuñadura de su espada, delataba el terror que intentaba contener tras su fachada de linaje.

—El sello se rompió —susurró ella, su voz apenas un hilo frente al rugido sordo de la Aguja de Cristal desmoronándose—. Si Kael no ha desviado la alerta, la secta superior estará aquí en minutos para ejecutar a cualquier testigo.

Julián no respondió. Su atención estaba clavada en el flujo salvaje de qi que brotaba del nodo saboteado. El 38% del caudal que la academia robaba sistemáticamente a los estudiantes de bajo rango estaba regresando a la red, una marea de energía pura y sin refinar que amenazaba con incinerar cualquier núcleo que intentara absorberla. Era un suicidio, pero era el único combustible disponible antes de que la purga los alcanzara. Julián activó el Manual de la Absorción del Desecho. Sintió el familiar desgarro en sus meridianos cuando la energía, violenta y caótica, entró en su sistema. No fue elegante; fue una guerra interna que forzó a su núcleo a expandirse más allá de sus límites, reclamando el poder que le habían negado durante años.

En los pasillos del Nivel 2, el caos era absoluto. El Maestro Kael apareció entre las sombras de una columna, con la túnica académica desaliñada y el rostro pálido por una mezcla de terror y ambición. Bloqueaba la única salida hacia la superficie.

—El sistema se está desangrando, Varga —escupió Kael, ignorando a Valeria. Sus ojos, inyectados en sangre, se posaron en el anillo de Julián, donde la evidencia de la extracción sistémica pulsaba con una luz tenue—. Entrégame el registro. Si la secta superior encuentra este desastre, ambos seremos ejecutados por traición. Puedo borrar tu nombre, darte un pase seguro. Solo... dame la prueba.

Julián no dudó. —La prueba ya está en manos de contactos externos, Kael. Si morimos, el registro se hace público. Si nos dejas pasar, el caos será solo un 'accidente técnico' que tú mismo te encargarás de contener.

La mirada de Kael vaciló entre el pánico y la supervivencia. Sin decir palabra, el maestro activó las compuertas de salida, convirtiéndose, en ese instante, en un fugitivo junto a ellos.

Al cruzar el perímetro de la academia, la realidad los golpeó con brutalidad. Tres emisarios de la Secta del Firmamento descendían del cielo como deidades vengativas. Sus palmas, envueltas en luz pura, ejecutaban a los supervivientes que intentaban huir, borrando cualquier rastro de la corrupción que Julián había expuesto. Valeria, aprovechando el estatus de su linaje, dio un paso al frente con una arrogancia calculada, distrayendo a los emisarios lo suficiente para que Julián, usando la energía residual del colapso, los impulsara a ambos a través de la brecha del cerco.

Lejos de las ruinas, en la Cresta de la Montaña Olvidada, se detuvieron. La academia no era más que un esqueleto humeante. Julián respiró el aire gélido, sintiendo el peso de su nuevo nivel de poder. Valeria, a pocos pasos, observaba el horizonte con una rigidez que delataba su miedo.

—Mi padre no dejará que esto quede así —dijo ella, con la voz quebrada—. Solo hemos pasado de una celda pequeña a una jaula abierta.

Julián apretó el anillo. La prueba del 38% era un arma, pero ahora entendía que la jerarquía que habían destruido no era el sistema entero; era solo el primer peldaño. Ante ellos, en la lejanía, las luces de la verdadera secta superior brillaban con una intensidad que hacía palidecer a la academia. La escalera no terminaba aquí; apenas comenzaba.

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