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Chapter 7: Duelo de ambiciones

Mateo escapa de la auditoría usando su interfaz prohibida para enmascarar su señal. Es interceptado por la Academia para un duelo de exhibición contra Valeria Solís. Tras un empate técnico que impresiona a los inversores, Valeria le entrega datos que revelan la naturaleza experimental de la Academia, transformando su rivalidad en una alianza tensa.

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Duelo de ambiciones

El aire en los niveles inferiores de la Academia sabía a ozono y a la desesperación de los que no tienen futuro. Mateo «Chatarra» Vega se arrastró fuera del conducto, con el peso del Desguazado vibrando en su sistema nervioso. La interfaz violeta, ese componente prohibido que se negaba a ser analizado, palpitaba con una cadencia errática, sincronizada con el dolor punzante en su columna. En su campo de visión, el temporizador de la purga marcaba 08:42:15. El Hangar 42 ya no existía; la auditoría lo había reducido a cenizas, y ahora el sistema lo buscaba con la frialdad de un depredador que sabe que su presa está marcada para el desguace.

—Deja de moverte, chico —gruñó el Viejo Javi, cuya respiración sibilante delataba el esfuerzo de cargar con los discos de datos rescatados—. Si la baliza de rastreo se estabiliza, los drones nos convertirán en chatarra antes de que lleguemos al sector de carga.

Mateo se detuvo. Un pitido agudo, sincronizado con el pulso eléctrico de su interfaz, le taladró el cráneo. La cadena de control biológico, diseñada para mantenerlo bajo el yugo de la Academia, se tensó con cada uno de sus movimientos, enviando descargas de dolor que le nublaban la vista. No estaba huyendo de una simple auditoría; estaba intentando desconectar su propia identidad de una red que lo consideraba obsoletamente peligroso.

—No puedo apagarla, Javi —respondió Mateo, apretando los dientes mientras el dolor le recorría la columna—. Si fuerzo el protocolo de seguridad, la deuda biológica me freirá el cerebro antes de que pueda salir de este sector.

—Entonces úsala —replicó Javi, con una chispa de su antiguo genio de ingeniero—. No eres un desecho, Mateo. Eres el único que puede escuchar la frecuencia de esa interfaz. Si no puedes esconderte, oblígala a hablar otro idioma.

El desafío de Javi resonó en la mente de Mateo. No era una sugerencia de supervivencia; era una instrucción de combate. Mateo cerró los ojos, visualizando la estructura de la red de la Academia, no como una barrera, sino como una arquitectura que él podía alterar. Con un esfuerzo agónico, redirigió el flujo de energía hacia los estabilizadores, forzando una sobrecarga controlada que no apagó la baliza, sino que la distorsionó, convirtiendo su firma de rastreo en ruido blanco.

El alivio fue instantáneo, pero duró poco. Al salir del túnel, la luz de la Arena de Combate los cegó. No estaban en el sector de carga. La Academia, ignorando la purga, había orquestado un espectáculo. Los inversores llenaban los palcos superiores, exigiendo ver al piloto anómalo que había sobrevivido a la auditoría. En el centro de la pista, el frame de Valeria Solís aguardaba, una máquina de cromo pulido que encarnaba la perfección técnica del sistema.

—Tu tiempo termina hoy, Vega —la voz de Valeria resonó por el canal abierto, fría y carente de piedad—. No eres más que un error de sistema que he venido a borrar.

El duelo fue una danza de brutalidad y precisión. Valeria atacaba con la frialdad de quien sigue el manual, pero Mateo, impulsado por la interfaz violeta, predecía cada movimiento antes de que ocurriera. Sus frames chocaron en un estruendo de metal y chispas que hizo vibrar los cimientos de la arena. Cada impacto le costaba a Mateo una parte de su integridad física, pero él no cedía. Cuando Valeria intentó un golpe de gracia, Mateo usó la técnica prohibida, una maniobra de bloqueo que no estaba en ningún manual de la Academia.

El resultado fue un empate técnico que dejó a ambos frames al borde del colapso. El silencio que siguió en la arena fue sepulcral, roto solo por los susurros de los inversores. Mateo había dejado de ser un desecho; se había convertido en una inversión de alto riesgo.

Al terminar, mientras Mateo intentaba retirarse, Valeria lo interceptó en los pasillos de élite. Su mirada, antes altiva, ahora albergaba una duda inquietante.

—No te escondas, Chatarra —dijo ella, bloqueándole el paso—. Los inversores ya tienen el ojo puesto en tu máquina. Y yo... yo he visto lo que tu frame puede hacer cuando la interfaz se libera.

Valeria deslizó un chip de datos hacia él. Mateo lo tomó, sintiendo la carga estática del archivo. Al conectarlo a su HUD, la verdad se desplegó ante sus ojos: la Academia no era una escuela de pilotos, era una granja de selección artificial, un experimento donde los pilotos eran solo el combustible biológico para algo mucho más grande.

La rivalidad hostil se transformó en algo más peligroso: una alianza forzada por la supervivencia. Mateo comprendió entonces que el empate en la arena no era el fin, sino el comienzo de un ascenso que amenazaba con derribar los cimientos del sistema. La ciudad entera estaba apostando por él, y con cada mirada de los inversores, el peso de su nueva posición se volvía más insoportable. Mateo no solo tenía que sobrevivir a la purga; ahora tenía que sobrevivir a la atención de los amos de la Academia.

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