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Chapter 1: The First Test

Kael, un descastado marcado para la purga, utiliza una interfaz prohibida para encontrar una ruta oculta en la Torre. Sacrifica su última reliquia familiar para abrir una compuerta, obteniendo la habilidad 'Vista de Falla' justo antes de que el sistema lo recicle. Regresa al mercado bajo la vigilancia de la Tasadora, ocultando su nuevo rango tras una estática calculada.

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The First Test

El aire en el Mercado de la Secta sabía a ozono quemado y desesperación. Kael ajustó el micro-filamento de una bobina de Grado F con una precisión quirúrgica, sus dedos callosos ignorando el temblor que le subía por los antebrazos. A su alrededor, los mercaderes de élite negociaban núcleos de energía con la arrogancia de quienes no temen al mañana. Kael, en cambio, solo tenía un cronómetro interno que le recordaba su obsolescencia.

00:12:45 para la Purga.

—Tu cuota de estatus vence hoy, Desechable —la voz de la Tasadora, fría y afilada como un bisturí, cortó el murmullo del mercado. Se detuvo frente a su mesa, sus ojos escaneando la marca de "Excluido" en la muñeca de Kael. La luz mortecina de la marca parpadeó, un error contable que la Secta se encargaría de borrar antes del anochecer.

Kael no levantó la vista. Sabía que cualquier contacto visual era una invitación a ser humillado.

—No tengo los créditos, Tasadora. El mercado ha estado estancado.

—El mercado no se estanca, Kael. Tú eres quien se pudre —ella golpeó la mesa con su bastón de mando, haciendo saltar las piezas de repuesto. —Si al final del giro de la puerta no has entregado el valor equivalente, tu registro será reciclado. No habrá excepciones para un cero a la izquierda.

La Tasadora se alejó, dejando tras de sí un rastro de desdén. Kael sintió el peso del vacío en sus bolsillos. El libro de cuentas, el único registro que su tía le había dejado antes de desaparecer, estaba oculto bajo el suelo de la tienda, con sus páginas arrancadas y sus deudas transformadas en una sentencia de muerte.

De repente, el mundo se fracturó. Una interfaz dorada, prohibida por los protocolos de la Torre, se superpuso a su visión. No era el sistema estándar; era algo más antiguo, más hambriento. Una ruta hacia el nivel superior, oculta tras una pared de carga, parpadeó en rojo sangre.

«La puerta del sector se cerrará en diez minutos. Si no alcanzas el núcleo, serás purgado», susurró el Mentor Oculto en el borde de su conciencia. La voz no era un consejo, era una orden.

Kael abandonó su puesto. Sus botas golpearon el metal con una urgencia que atrajo miradas hostiles. Corrió hacia el conducto de ventilación que la interfaz marcaba como la única salida. Frente a él, una compuerta sellada con el sello de la Secta bloqueaba el paso.

00:08:42.

—No tengo la llave —siseó Kael, golpeando el metal.

—La llave no es de metal, Desechable —replicó el Mentor—. Es de sacrificio. ¿Qué valoras lo suficiente como para dejar atrás?

Kael miró su muñeca. El brazalete de seda reforzada, el último recuerdo de su familia, brilló bajo la luz de emergencia. Era una reliquia de rango bajo, inútil para el mercado, pero cargada de una historia que el sistema no podía cuantificar. Con un movimiento seco, lo arrancó y lo presionó contra el escáner de la compuerta. La seda se desintegró, alimentando los circuitos con la energía vital del objeto. La puerta se deslizó con un gemido agónico.

Al cruzar, una descarga de datos inundó su mente: Habilidad adquirida: Vista de Falla. Ahora, las fisuras en el flujo de energía de la Torre eran visibles. Sus opciones de combate ya no eran limitadas; eran calculables.

Regresó al mercado justo cuando el cronómetro marcaba 00:05:00. La Tasadora lo esperaba, observando el flujo de energía de los compradores con su 'Ojo del Juez'.

—Tú. Desechable. ¿Tienes algo que declarar? —preguntó ella, descendiendo de su estrado con una autoridad que obligaba a los presentes a bajar la mirada.

Kael mantuvo su voz plana, usando su nueva habilidad para corromper la lectura de su aura. La Tasadora frunció el ceño, escaneando el espacio donde debería estar su nivel, encontrando solo estática. Él sabía que había ganado una vida extra, una oportunidad de escalar, pero la duda en los ojos de la mujer prometía un conflicto que apenas comenzaba. La Tasadora lo observa con desdén, sin saber que su rango acaba de saltar un nivel frente a sus ojos. ¿Cuánto durará mi secreto?

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