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Chapter 7: La purga de Thorne

Kaelen utiliza la Llave de Control Parcial para evacuar a un grupo de 'Sin Rango' a través de rutas selladas mientras Thorne acelera la purga del sector. Tras una confrontación técnica en la cámara de compuerta, Kaelen se ve forzado a aliarse con Valeria para desactivar una trampa de energía, logrando salvar a los supervivientes y revelando que la purga es una amenaza existencial que los obliga a ascender hacia los niveles medios.

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La purga de Thorne

El eco metálico de la voz de Thorne no era un aviso; era una sentencia. La frecuencia de su autoridad, amplificada por los cristales de la Torre, hizo que los huesos de Kaelen vibraran con un dolor sordo.

—Atención, escoria del sector Sin Rango. Por orden del Guardián Supremo, se declara purga inmediata. Toda existencia sin rango será extinguida en veintiocho minutos. No hay apelación. Las barreras de contención descienden ahora.

El temporizador en su visión periférica, un tajo rojo sobre la realidad, marcó: 27:58. Su aura de Nivel 2, un fuego azul pálido que se negaba a extinguirse, delataba su posición a cualquier patrulla en un radio de tres niveles. Era un faro en la oscuridad, y Thorne acababa de encender la cacería.

Kaelen no corrió; se lanzó hacia el mercado inferior. El caos era absoluto: puestos volcados, monedas rodando como metralla y el zumbido de las barreras de energía sellando los niveles superiores. Al cruzar la mirada con una mujer que protegía a dos niños, vio el reconocimiento en sus ojos. No era gratitud, era terror. Él era la anomalía que atraía el rayo.

Bajó tres tramos de escaleras metálicas, sintiendo el peso de su vitalidad: 26 %. Suficiente para una maniobra, insuficiente para un error. Al llegar al corredor del núcleo residencial, la barrera violeta ya cortaba el pasillo en diagonal. Al otro lado, la multitud se agolpaba contra la luz, golpeando el vacío con puños desnudos. El contador sobre la barrera marcaba 27:41.

Kaelen apretó la Llave de Control Parcial. El metal ardía, una extensión de su propio sistema roto.

—¿Desbloquear ruta secundaria? Costo: 8 % vitalidad —susurró el sistema.

Kaelen aceptó. Un dolor agudo le atravesó el esternón, bajando su vitalidad al 18 %. La pared lateral exhaló un chirrido oxidado y un panel de dos metros se replegó, revelando un túnel de moho y energía estancada. Nadie más lo había visto. Nadie más podía.

—¡Por aquí! —bramó, su voz amplificada por el aura.

La multitud, movida por el instinto de supervivencia, se filtró por la grieta. Kaelen los guió, sintiendo cómo las barreras principales se sellaban a sus espaldas. Al salir a la galería del núcleo, saltó la barandilla y aterrizó en el nivel más bajo con un impacto que hizo temblar el pozo.

—¡No se queden quietos! ¡Hay una ruta hacia el conducto este! —ordenó, mientras alzaba a una niña pequeña con un brazo y empujaba a su madre con el otro.

El temporizador bajó a 25:03. Entonces, el aire cambió. Una presencia fría, parasitaria, se filtró por los conductos. Thorne no iba a esperar. Estaba drenando la vitalidad del sector para acelerar la purga.

Kaelen sintió la urgencia del sistema: Misión de rescate: evacuar 217 Sin Rango. Recompensa: Nivel 3 + fragmento de autoridad. Penalización: purga total.

Kaelen sonrió con amargura. Siempre había un precio más alto.

*

El grupo, ahora reducido a treinta y dos supervivientes, alcanzó la cámara de obsidiana. El reloj marcaba 9:14. En el centro, dos pedestales sostenían llaves: una negra, una plateada. Un arco de plasma azul crepitaba entre ellas, una trampa diseñada para incinerar a cualquier intruso.

—Solo una llave no basta —murmuró una anciana, su voz quebrada por el cansancio.

Kaelen sacó su Llave de Control Parcial. Vibraba, resonando con la llave negra del pedestal. Era la única que funcionaba. La puerta de entrada tembló bajo un golpe sordo. La voz de Thorne, gélida y triunfal, atravesó el metal:

—Anomalía confirmada, Kaelen Veyr. Ríndete y la purga se detendrá. Resiste y el sector será ceniza en nueve minutos.

Kaelen insertó su llave. El arco de plasma descendió, lamiendo el suelo. El sistema exigió una segunda llave para desactivar la incineración.

La puerta opuesta se abrió. Valeria entró, con la armadura manchada de sudor y la llave plateada en la mano. Sus ojos, antes llenos de desprecio, ahora reflejaban una duda peligrosa.

—Thorne ha ordenado sellar este sector —dijo ella, sin bajar la guardia—. Si no entrego tu cabeza en siete minutos, moriré contigo.

—¿Cuál es tu precio? —preguntó Kaelen.

—Que admitas que tu sistema roto no puede ganar solo.

Kaelen miró a los supervivientes, luego a ella.

—Nunca pude ganar solo. Por eso estoy aquí.

Valeria insertó su llave. Ambas giraron al unísono. El plasma se apagó y la compuerta superior se abrió, revelando la luz de los niveles medios. Los Sin Rango subieron, dejando atrás el matadero. Kaelen y Valeria quedaron frente a frente, unidos por una alianza que ninguno deseaba, pero que ambos necesitaban para sobrevivir a la purga que apenas comenzaba.

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