El mercado de los débiles
Kaelen salió del pasadizo con el cristal residual todavía ardiente en la palma. El contador del sistema le quemaba la visión: 17:03. Diecisiete minutos para entregar el equivalente a 2530 monedas sectarias o ver cómo su núcleo se licuaba en veneno negro. Vitalidad: 11 %. El aura de Nivel 1 lamía su silueta como humo plateado; cualquier oficial de rango superior la vería a cien pasos. Cada inhalación le costaba un latigazo en las costillas.
Las botas de la patrulla de élite ya golpeaban el pasillo de arriba. Valeria no dejaba testigos sueltos.
Kaelen se pegó a la pared rezumante. Visión de Grieta se activó sola: líneas azul pálido rajaron la piedra a su derecha, trazando un conducto vertical que los mapas oficiales tachaban de derrumbado hacía setenta años. No había margen para dudar. Empujó. La pared se deshizo como pan viejo. Entró. Detrás, el vendedor que lo había olfateado se tragó el grito.
Corrió por el túnel antiguo. Olía a ozono quemado y a piedra muerta. El contador bajó: 15:44. La ruta lo escupió directamente detrás de una columna lateral de la subasta principal, saltándose tres controles que habrían significado su cabeza en una pica.
El subastador alzó la voz justo cuando Kaelen recuperaba el aliento.
—2480 monedas por el Cristal de Núcleo Primario. ¿Alguien ofrece más?
Silencio espeso. En la tercera fila, el teniente de Valeria —hombreras de obsidiana, sonrisa de cuchillo— levantó dos dedos sin levantarse. 2500. Nadie respiró.
Desde el palco elevado, la figura inmóvil del Maestro Thorne observaba. Kaelen sintió esa mirada como un dedo helado presionándole la nuca.
Dio un paso al frente. El murmullo se partió.
—2480 exactos —dijo, voz plana.
Risas cortantes. “El escoria con aura”, siseó alguien. Otra carcajada seca.
Kaelen abrió la mano. Los fragmentos residuales brillaron: 2480 monedas contadas al gramo. Las dejó caer sobre la bandeja del subastador. Sonó como un clavo en madera.
El teniente se puso de pie con lentitud deliberada.
—2550.
Kaelen alzó la barbilla.
—Sé lo que hay dentro de ese cristal. Y sé quién lo quiere confiscar antes de que alguien más lo toque.
Silencio absoluto. Thorne se inclinó apenas hacia adelante, el borde de su túnica negro ondeando. El subastador tragó saliva, miró al teniente, miró al palco. Nadie habló.
—2480… adjudicado al postor anónimo.
El mazo golpeó. La sala estalló en susurros furiosos.
Kaelen tomó el Cristal de Núcleo Primario. El sistema registró al instante:
[Requisito secundario cumplido. Temporizador global pausado. Vitalidad +18 % → 29 %. Recompensa adicional: fragmento de ley oculta absorbido.]
No hubo tiempo para saborear la victoria.
Thorne ya bajaba del palco, túnica ondeando como alas rotas. Cuatro guardias lo seguían.
—Ese cristal pertenece a la secta —cortó Thorne, voz de látigo—. Entrégalo o te lo arrancaremos del pecho.
La multitud se abrió. Kaelen apretó el cristal contra las costillas. Vitalidad al 29 %: suficiente para un último acto desesperado. Fingió tambalearse; la rodilla izquierda crujió audiblemente. Soltó un gemido bajo. Algunos rieron, incómodos.
Thorne aceleró.
—Sujetadlo.
Dos guardias avanzaron. Kaelen esperó hasta que el primero extendió la mano. Entonces activó Visión de Grieta con intención plena. El cristal palpitó una vez. Líneas de energía se enredaron en su antebrazo como raíces vivas. Absorbió. No hubo destello. Solo un vacío limpio donde antes estaba el óvalo negro-azulado.
Thorne palideció.
—¡Deténganlo!
Los guardias saltaron. Pero el suelo bajo Kaelen vibró. Una grieta vertical se abrió a su espalda: limpia, imposible, antigua. El aire se torció. Kaelen dio un paso atrás y desapareció.
Negro. Plata. Caída.
Abrió los ojos de rodillas sobre una plataforma de piedra pulida que flotaba en la nada. Tres metros de diámetro. Paredes lisas, vetas plateadas palpitando como arterias olvidadas. Abajo, donde había estado el mercado inferior, solo quedaba un abismo que succionaba el aire.
[Acceso concedido: Ruta de Memoria Fragmentada – Nivel de seguridad: colapsado]
[Advertencia: segmento inferior (mercado -3/-2) en purga estructural. Colapso total en 4:12]
[Nivel 2 alcanzado. Capacidad de procesamiento +22 %. Nueva habilidad latente detectada: Eco Resonante.]
Kaelen soltó una risa corta, agotada, casi rota. Su aura ardía más brillante, más imposible de ocultar. Miró hacia arriba. Una escalera de energía pura se extendía hacia lo que los mapas oficiales llamaban piso 7. Nadie más podía verla. Nadie más debía estar aquí.
Abajo, el mercado que lo había humillado se desintegraba en tiempo real. Thorne había creído que esa ruta estaba sellada para siempre. Se equivocó.
Kaelen se puso de pie, temblando. Cada peldaño de la escalera tiraba de su vitalidad como si la Torre misma quisiera cobrarle el atrevimiento con sangre.
La Torre no perdonaba a los que subían por caminos prohibidos.
Pero tampoco los dejaba caer sin pelear.