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Chapter 3: Ascenso bajo la mirada pública

Leo repara 'El Desguace' mediante un arriesgado puenteo energético, sacrificando su salud física para estabilizar el mech. En la arena, utiliza la ruta oculta para flanquear a la élite y alcanzar el pilar de recompensa. Tras ser marcado como 'Anomalía de Clase A' por el Auditor, Leo activa una brecha inesperada en la Torre, escapando hacia un nuevo nivel antes de ser ejecutado.

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Ascenso bajo la mirada pública

El aceite quemado goteaba sobre el hormigón, formando un charco negro que reflejaba la luz parpadeante de las alarmas del Campo de Pruebas. El brazo derecho de 'El Desguace' colgaba con una inclinación antinatural, los servomotores emitiendo un chirrido agónico ante cada intento de estabilización. Leo apretó los dientes, sintiendo el peso de la deuda triplicada vibrando en su interfaz neuronal como una migraña constante.

—Si no subes a la arena en tres minutos, la cláusula de insolvencia dictará el desmantelamiento total —la voz del Auditor resonó por los altavoces, gélida y desprovista de humanidad.

Leo se deslizó bajo el chasis. Sus dedos, cubiertos de grasa y sangre seca, buscaron el punto de ignición del Nivel 0. No había piezas de repuesto, solo el ingenio prohibido de un sistema que no estaba diseñado para ser reparado por un chatarrero. Al conectar el flujo de energía directamente al núcleo, el brazo aguantó, pero el costo fue una descarga punzante en su propio sistema nervioso. El dolor se convirtió en el combustible que el sistema le negaba.

Cuando entró en la arena, el aire sabía a ozono. Los mechs de la élite, monstruos de aleaciones cromadas, ignoraban su presencia mientras competían por los recursos en la colina central.

—Es un desperdicio de combustible —la voz de Valeria cortó la frecuencia, fría y cortante—. Retírate, chatarrero. Si el Auditor te ve aquí, serás desmantelado antes de que el cronómetro llegue a cero.

Leo no respondió. Activó el Nivel 0. No hubo explosión, solo un vacío sutil en su interfaz. El sistema de la Torre, confundido por la anomalía, comenzó a arrojar errores de lectura en las pantallas de los pilotos cercanos. Sus sensores parpadearon, saturados por una firma energética falsa que Leo proyectó como un señuelo. Mientras los élites giraban sus armas hacia el vacío, Leo se deslizó por la ruta oculta, flanqueándolos con una agilidad que desafiaba la lógica de su chatarra.

De repente, el entorno cambió. El Auditor, detectando la firma, reescribió la ley de memoria del piso. Una sobrecarga gravitatoria aplastó el terreno, hundiendo a los mechs de élite y sus costosos sistemas. Leo sintió el metal de su cabina crujir bajo la presión, pero en lugar de luchar, se sincronizó con la frecuencia residual de la Torre. El entorno se volvió una extensión de su propia voluntad.

Al alcanzar el pilar de recompensa, la plataforma central del Campo de Pruebas se iluminó. El Auditor descendió, su capa gris moviéndose con una precisión quirúrgica.

—Anomalía de Clase A —anunció, y el veredicto resonó en toda la arena, silenciando los abucheos de las gradas—. Tu existencia es un error de cálculo.

El cronómetro de desmantelamiento parpadeaba, descendiendo con una velocidad cruel. Leo sabía que no había escapatoria, pero al tocar el pilar, la Torre reaccionó a su firma energética. El suelo bajo sus pies se fracturó, revelando no solo una salida, sino un portal hacia un nivel superior, un fragmento de memoria de un constructor olvidado que nadie más podía ver. Sin dudar, Leo lanzó a 'El Desguace' hacia la brecha, dejando al Auditor con una anomalía que ya no podía controlar y una verdad que apenas empezaba a comprender.

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