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Chapter 4: El costo del ascenso

Leo se infiltra en el sector prohibido tras sabotear el Piso 7. A pesar del drenaje de vitalidad que amenaza con matarlo, absorbe energía de un nodo huérfano, alcanzando el Nivel 2 públicamente. En el núcleo del sector, descubre que la Torre es un servidor de datos que almacena recuerdos de familias descartadas, incluyendo la suya.

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El costo del ascenso

El cronómetro de la Academia parpadeaba en rojo sangre sobre el atrio: 00:03:47. Tres minutos y cuarenta y siete segundos para que el sector no registrado se sellara. Leo corría sobre el metal retorcido del Piso 7, con el aliento convertido en un silbido metálico. Detrás, el zumbido de los drones de contención era un enjambre furioso; más atrás, los gritos de los guardias de élite de la Academia resonaban con una urgencia que no buscaba justicia, sino silencio.

—¡Cierren el sectorial! ¡El Cero no puede cruzar!

Ya no era un apodo. Era una sentencia. Cada zancada hacía que el acceso root en su nuca palpitara, una descarga eléctrica que le recorría la médula. Vitalidad: 68%. Había forzado la ruta oculta para sabotear el drenaje de Valeria Thorne, y ahora su cuerpo pagaba la factura: vetas negras, como venas de carbón, trepaban por su antebrazo izquierdo, quemando la piel con el olor a cable fundido.

Delante, la compuerta principal descendía con una lentitud implacable. A la derecha, oculta tras una viga, brillaba el contorno tenue de una ruta de mantenimiento: 17-B – Desbloqueada por acceso administrativo. Solo él la veía. Gracias al fragmento root que Kael le había ayudado a extraer.

Se lanzó contra la pared, el impacto le sacó un gruñido. La piel del brazo crujió; las vetas negras avanzaron un centímetro más. Vitalidad: 66%. Se arrojó a la rendija, un hueco de apenas medio metro. Un dron rozó su talón, el aire crepitó con una descarga que le erizó el vello. Leo rodó, entrando en la oscuridad justo cuando la compuerta principal se sellaba con un clang que hizo vibrar los cimientos de la Torre.

El silencio fue absoluto. Estaba dentro.

El aire aquí olía a ozono antiguo y datos corruptos. Leo se apoyó contra la pared de circuitos expuestos, jadeando. Vitalidad: 65%. El drenaje ambiental era constante: -0.4%/min. Este sector no era un refugio; era una trampa de escala mayor, un sistema de filtrado diseñado para los que sabían demasiado.

Con el fragmento root latiendo, el corredor se desplegó ante sus ojos como un negativo: líneas blancas sobre un vacío absoluto. Un laberinto de memoria fragmentada. Un overlay ámbar marcó nodos de vitalidad huérfanos, restos del Piso 7 que la purga no había alcanzado. El más cercano estaba a cuarenta metros.

Leo avanzó, cada paso resonando en su cráneo. Tocó un panel y la interfaz respondió sin pedir permiso:

Nodo de vitalidad huérfano detectado. Advertencia: sobrecarga root inminente.

Tenía que arriesgarse. Si bajaba del 40%, el sistema lo borraría como a un terminal defectuoso. Se arrodilló frente a la esfera ámbar palpitante. Extendió la palma. El contacto fue un latigazo que estalló detrás de sus ojos.

Absorción iniciada. +18% vitalidad. Nivel 2 desbloqueado.

El número cambió: 81%. Y en todas las pantallas de la Academia, el estatus de Leo Vega se actualizó. Visible. Medible. Irreversible.

Pero no hubo tiempo para celebrar. El suelo tembló. El núcleo central había detectado la anomalía. Las compuertas secundarias comenzaron a descender en cascada. Leo corrió hacia el núcleo, esquivando los cierres metálicos que caían como guillotinas. Llegó al panel central y tocó la superficie fría.

Nodo de memoria familiar detectado. Integridad: 94%. Extracción autorizada.

El dolor fue eléctrico, pero lo que vio lo dejó paralizado. No eran solo datos. Vio a su madre en una cocina que ya no existía, riendo. Vio a su padre firmando un contrato con el emblema de la Torre, la mano temblorosa. Vio a su hermana apretándole la mano mientras las sirenas anunciaban una purga.

Más profundo, la verdad se reveló: la Torre no era un monumento, era un servidor corrupto. Los pisos superiores recolectaban vitalidad para alimentar un archivo de almas descartadas. Su familia no había desaparecido; estaban almacenados como respaldo.

Extracción completa. Acceso a subnivel de datos personales desbloqueado.

Las compuertas finales se sellaron. Leo cayó de rodillas, con la palma pegada al panel. Estaba solo, herido, pero tenía la llave de la máquina. La Torre no era su destino; era su objetivo a desmantelar.

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