La primera ganancia visible
El pulso en las sienes de Leo no era corazón: era código ejecutándose donde no debía. Cada latido traía un pinchazo detrás de los ojos, agujas calientes en las conexiones que la Torre usaba para sincronizar su estatus. Nivel 1. Visible. Registrado. Las pantallas de neón de la Academia, que hasta hace una hora lo ignoraban como a una mancha de humedad, ahora proyectaban su nombre con una frialdad eléctrica.
Se apoyó contra la pared del pasillo inferior, donde las luces parpadeaban con menos fuerza. El escáner de pared más cercano giró hacia él, emitiendo un zumbido acusador: Sincronización 84%… 81%… error de integridad detectado.
Tenía que estabilizarse. Por debajo del 70%, la Torre no enviaba advertencias; enviaba el corte de acceso vital. Treinta segundos para descomponerse.
Un paso pesado resonó al final del corredor. Mentor Kael apareció bajo la luz mortecina, la gabardina raída colgándole como una bandera rendida. No saludó. Miró el panel flotante sobre la cabeza de Leo —ese Nivel 1 en naranja sucio— y luego al rostro empapado del chico.
—Estás sangrando por los oídos —dijo Kael sin inflexión.
Leo se tocó el lóbulo. Dedos húmedos. Rojo oscuro.
—No es nada.
—Es el precio de meterte donde no te invitaron. —Kael sacó un cilindro negro mate, sin marcas, del tamaño de un dedo—. Inhibidor de señal. Te dará treinta minutos de silencio en los sensores. Después, o lo controlas tú o la Torre te borra.
Leo lo tomó. El metal estaba helado.
—¿Por qué me ayudas?
Kael soltó una risa seca.
—No te ayudo. Te uso. Ese acceso root que robaste no fue un accidente; fue una grieta que yo dejé abierta hace años. Si sobrevives, tal vez sirvas para romper algo más grande.
Leo activó el inhibidor. Un zumbido recorrió su columna y los escáneres se desviaron, como si él hubiera dejado de existir.
—Treinta minutos —repitió Kael—. Úsalos bien, Cero. Cuando Valeria baje a inspeccionar, no va a preguntar. Va a purgar.
Leo no esperó. Se dirigió a la galería superior de la Arena de Entrenamiento Élite. Se pegó al borde como una sombra. Abajo, Valeria Thorne giraba en el centro del círculo de combate. Uniforme blanco nuclear, ribetes dorados, cabello negro flotando sin gravedad cada vez que activaba su aura radiante. Los espectadores murmuraban su nombre como una oración.
Leo activó Escaneo de Brechas. La interfaz se desplegó en su visión: líneas rojas y azules atravesando el cuerpo de Valeria como venas enfermas.
[Flujo inverso detectado. Vitalidad extraída: 0.004% por segundo. Destino: nodo superior oculto. Eficiencia: 94%. Fuente primaria: estudiantes Nivel <3 en radio de 800 m]
No era poder radiante. Era un vampiro sistémico disfrazado de perfección. Abajo, un estudiante de Nivel 2 entró al círculo. Dos golpes después estaba de rodillas, su barra de vitalidad desplomándose en la pantalla pública. La multitud rugió. Nadie vio el hilo rojo que salía del chico y se perdía en el aura de Valeria.
Leo apretó los puños. Recordó a su madre: Nivel 3, fallecida por agotamiento vital autorizado. Nadie preguntó. Nadie vio.
Valeria giró la cabeza. Sus ojos barrieron la galería y se detuvieron exactamente en él. Una presión sistémica lo golpeó como un muro invisible. Su barra de vitalidad tembló: -2% instantáneo. Pero el acceso root absorbió el impacto. La interfaz parpadeó: [Sobrecarga redirigida. Daño mitigado].
Valeria frunció el ceño. Por primera vez, su sonrisa perfecta vaciló. Sabía que alguien la había visto.
Leo retrocedió y corrió hacia el refugio oculto. El fragmento de memoria aún ardía en su palma.
[Procesar fragmento de memoria root – Costo: 87% de energía vital. Consecuencia: desconexión temporal (4h 17min). Riesgo: ceguera ante patrullas.]
Cuatro horas ciego era muerte lenta. Pero dejar el secreto de Valeria en bruto era perder el arma antes de disparar.
—Que se jodan tus reglas —susurró.
Confirmó. El fragmento se hundió en su carne como un clavo caliente. Relámpago blanco. Cuando la luz se apagó, la interfaz mostró el detalle brutal: 47 víctimas confirmadas en 14 meses. Excedente transferido a un nodo administrador superior.
Tenía la prueba. Tenía el arma.
De pronto, las pantallas de la Academia tronaron:
PISO 7 – APERTURA INMINENTE. MISIÓN DE VALIDACIÓN PÚBLICA. RECOMPENSA: +3 NIVELES. TIEMPO: 47:09:44.
La interfaz de Leo parpadeó en rojo: [ANOMALÍA DETECTADA. ESTA PUERTA NO ENTREGA PROGRESO. DRENA VITALIDAD HACIA NODO SUPERIOR (V. THORNE). PROBABILIDAD DE MUERTE: 94% EN SUJETOS < NIVEL 4].
No era una misión. Era una cosechadora.
Desde el balcón, la voz de Valeria cortó el aire:
—Vega. Leo Vega. ¿No vas a demostrar que tu ascenso no fue un error del sistema?
Leo sintió el peso del Nivel 1 como una cadena, pero también el secreto en su palma. Aceptó el desafío. Entraría. Sabiendo que era una trampa, y sabiendo que tenía el cuchillo que podía cortarle la garganta a la perfección de Valeria Thorne.