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Chapter 11: La purga de los traidores

Julián Varela consuma la caída de Don Octavio y toma control de los activos del Grupo Dragón, exponiendo la corrupción sistémica ante la élite. Sin embargo, un emisario de una jerarquía superior le advierte que su victoria es apenas el inicio de una guerra mayor contra un poder transnacional.

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La purga de los traidores

El martillo de la subasta, un mazo de ébano que durante décadas había dictado el destino de la ciudad, cayó con un sonido seco y definitivo. No hubo aplausos. Solo el murmullo de una élite que, en cuestión de minutos, había pasado de la arrogancia a la indigencia. Julián Varela permaneció inmóvil en el estrado, con las manos entrelazadas a la espalda, observando cómo los agentes federales arrastraban a Don Octavio fuera del salón. El anciano, que alguna vez fue el arquitecto de la caída de los Varela, caminaba con la mirada perdida, su estatus desintegrado bajo el peso de las pruebas que Julián había filtrado a la prensa internacional.

Elena Valdés, su otrora implacable rival, se acercó con paso vacilante. Sus dedos, antes cargados de anillos de jade, ahora estaban desnudos.

—Julián, podemos negociar —suplicó, con la voz quebrada—. Sé quiénes están detrás del Grupo Dragón. Si me proteges, te daré los nombres de los que ordenaron la expropiación de tu mina. No eres el único que quiere verlos caer.

Julián no le dedicó ni una mirada. Su atención estaba clavada en el balcón superior, donde una figura solitaria, vestida con un traje de corte extranjero, observaba el caos con una frialdad quirúrgica. Julián sabía que Octavio era solo un peón, un administrador de bajo nivel en una jerarquía que operaba desde las sombras.

—Tu protección expiró en el momento en que aceptaste el dinero de la mina, Elena —respondió Julián, su voz resonando con una calma gélida que silenció a los presentes—. Los acreedores ya tienen tus libros contables. Ya no eres una reina, eres un pasivo.

Sin esperar su respuesta, Julián se retiró a la oficina privada. Sobre el escritorio de caoba, los documentos incautados revelaban la magnitud del despojo: un mapa de expropiación masiva que conectaba las tierras de los Varela con una entidad matriz transnacional. Al abrir el sobre negro que había recuperado de la caja fuerte de Octavio, una fotografía cayó sobre la mesa: un edificio de cristal en una metrópoli lejana, marcado con el mismo emblema que había visto en los archivos de su padre. El Grupo Dragón no era un consorcio local; era una extensión de un poder que ni siquiera residía en el país.

Julián se puso en pie y caminó hacia el ventanal. Abajo, en la sala de juntas, los antiguos aliados de su padre esperaban su sentencia. Julián no se sentó. Su sola presencia, erguida y dueña del espacio, obligó a los magnates a bajar la vista.

—El Grupo Dragón ha colapsado —anunció Julián, observando cómo el miedo se reflejaba en los rostros de quienes antes lo humillaron—. Don Octavio está bajo custodia. Cada soborno, cada lista negra, cada deuda que compré, está ahora bajo mi control. La pregunta no es quién de ustedes sobrevivirá, sino a quién decidiré mantener en la ciudad.

Un magnate inmobiliario intentó balbucear una excusa, pero Julián lo cortó con un gesto seco. La purga había comenzado. Sin embargo, mientras consolidaba su dominio, el emisario que había visto en el balcón entró en la sala con pasos medidos.

—Has hecho mucho ruido, Julián —dijo el recién llegado, con un tono que parecía un susurro de acero—. La purga es un pasatiempo, pero tu victoria es un error de cálculo. Has desmantelado un administrador, no al dueño.

Julián no retrocedió.

—Dile a tus superiores que el Rey Dragón ha reclamado su trono. Y que, a diferencia de Octavio, yo no juego con las reglas de los peones.

El emisario sonrió, una mueca gélida que prometía una guerra sin cuartel antes de desvanecerse en la noche. Julián se quedó solo, mirando las luces de la ciudad. Los traidores habían sido expuestos, pero el verdadero poder seguía en las sombras. El Rey Dragón había reclamado su trono, pero ¿qué clase de justicia impondría sobre los restos de su imperio?

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