Novel

Chapter 7: Bajo las luces frías

Mara, bajo presión extrema, comienza a experimentar alucinaciones auditivas que dictan su propio guion de ruina, mientras Tomás activa la llave del nodo central, provocando una alerta de seguridad que lo expone como intruso ante todo el complejo.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

Bajo las luces frías

El zumbido de los servidores no era un ruido, era un estrangulamiento. Mara Ríos se miró en el monitor de retorno del estudio principal. Su rostro, impecable bajo el maquillaje de alta definición, aparecía flanqueado por un cintillo rojo sangre que recorría la parte inferior de la pantalla: «CÓMPLICE: TOMÁS VARELA». La etiqueta, programada por el sistema de seguridad de Vera Ledesma, era una sentencia pública que la convertía en paria ante millones de espectadores.

—Sonríe, Mara. La audiencia no quiere ver a una fugitiva, quiere ver a una estrella que se redime —la voz de Vera Ledesma resonó desde la cabina de control, fría y cortante como un bisturí.

Mara sintió el peso metálico del relicario oculto bajo la mesa de cristal. Apenas quedaban veintidós horas y cuarenta minutos para que la frecuencia de la transmisión se volviera permanente. El objeto, oculto bajo el tapete de terciopelo, vibraba contra sus piernas con un ritmo orgánico, una síncopa que se entrelazaba con los latidos de su propio corazón, alterando su percepción de la luz del estudio, que ahora le parecía demasiado blanca, casi quirúrgica.

—No voy a leer esta basura, Vera —respondió Mara, manteniendo la vista fija en la lente de la cámara, forzando la sonrisa que se había convertido en su escudo—. Si me vinculas con Tomás en vivo, destruyes la credibilidad del canal. Soy el rostro de esta cadena, no un chivo expiatorio.

—Eres un activo, Mara. Y los activos se deprecian si no cumplen su función —replicó Vera, su voz perdiendo toda calidez—. Si no lees el guion, tu carrera terminará antes de que la gala comience. Y créeme, el asilo donde está tu padre tampoco es un lugar seguro si decides ser difícil.

Mientras Mara procesaba la amenaza, Tomás se arrastraba por el nivel sub-4, un laberinto de cables expuestos donde el aire sabía a ozono y fracaso. La credencial clonada por Iker vibró en su bolsillo, un trozo de plástico que ahora era su única línea de vida. El cronómetro en su mente marcaba 22:42:15, una cifra que pesaba como una lápida.

—Si pasas el sensor de la puerta principal, el sistema te marcará como intruso antes de que des el primer paso —advirtió Iker a través del auricular, con la voz entrecortada por la estática—. Vera ha cambiado los protocolos. La llave física que te dio Elías no es un acceso, Tomás. Es un cebo. En cuanto la insertes, el nodo central enviará una señal de alerta silenciosa a seguridad. Estás entrando en una ratonera.

Tomás se detuvo frente a la compuerta de acero del nodo. La luz roja del lector biométrico parpadeaba, escaneando el vacío. Sabía que Iker tenía razón, pero el tiempo se escurría como arena. Si no detenía la transmisión, la realidad guionizada que Vera fabricaba se volvería permanente, enterrando la verdad sobre su padre bajo una montaña de metadatos.

—El cebo es mi única oportunidad —murmuró Tomás, ajustándose los guantes. Introdujo la llave física. El sistema emitió un pitido agudo y todas las luces del nivel se apagaron, seguidas por el estruendo de los servidores entrando en modo de sobrecarga. El anonimato de Tomás se evaporó en un segundo; las alarmas comenzaron a sonar en todo el complejo. Ya no era un fantasma; era un objetivo.

De vuelta en el set, Mara sintió el impacto de la sobrecarga cuando las luces parpadearon y el estudio se sumió en una penumbra azulada. El relicario bajo su mano comenzó a calentarse, quemando la madera de la mesa. Entonces, la estática en su auricular se transformó en un susurro denso, una voz que no pertenecía a la producción pero que conocía cada palabra del libreto: «Mara Ríos será conducida fuera del set, con las manos esposadas a la vista de los patrocinadores».

El frío recorrió su columna vertebral. La frase no estaba en el teleprompter, pero Mara, presa de una disociación forzada por la frecuencia del objeto, la repitió en voz alta.

—Mara Ríos será conducida fuera del set, con las manos esposadas a la vista de los patrocinadores —dijo ella, con una calma mecánica que dejó al equipo de producción en un silencio sepulcral.

Desde la cabina, Vera Ledesma se puso en pie, su rostro reflejado en múltiples monitores que mostraban a Tomás siendo acorralado en el nodo central. Mara, ajena a la crisis técnica, siguió escuchando la voz en su oído: una narración detallada de su propia ruina, que se entrelazaba con la lista de pagos que pronto descubriría oculta en el sistema, incluyendo el nombre del jefe de policía local.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced