Novel

Chapter 2: El costo del acceso

Tomás confronta a Iker Salcedo para obtener el registro fuente del livestream, sacrificando su última oportunidad de mantener su carrera. Tras obtener el archivo, descubre que Vera Ledesma ha bloqueado sus cuentas bancarias y lo ha marcado como un criminal corporativo. El capítulo termina con Tomás descubriendo que Vera ha estado involucrada en la manipulación de estas señales desde hace una década.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

El costo del acceso

El zumbido de los servidores en la sala de control principal no era ruido blanco; era el sonido de un sistema que ya no le pertenecía. Tomás Varela dejó su café a medio terminar sobre la consola. El líquido, frío y amargo, era el último rastro de la normalidad que le quedaba antes de que su vida profesional se desmoronara. En la pantalla táctil frente a él, el icono de acceso a los registros del 'backstage' parpadeaba en un rojo agresivo. Había intentado forzar la entrada a la base de datos central, buscando el origen de la intrusión que proyectó el relicario durante el livestream, pero el sistema le respondió con un mensaje gélido: Acceso denegado. Credenciales revocadas por orden de Dirección.

Tomás apretó los dientes. No era un error de software ni una falla de red; era una purga deliberada. Alguien en la planta superior se había percatado de que él estaba escarbando donde no debía. Sus dedos volaron sobre el teclado, intentando ejecutar un script de recuperación de privilegios, una maniobra desesperada que solía usar para rescatar archivos perdidos de transmisiones fallidas. El código corrió por la pantalla, una cascada de caracteres blancos sobre fondo negro, pero a mitad del proceso, la terminal se bloqueó por completo. La pantalla se volvió negra, dejando a Tomás frente a su propio reflejo: un hombre que, en menos de una hora, había pasado de ser un productor respetado a un extraño en su propio estudio.

Salió de la sala y se dirigió al área de mantenimiento, esquivando un cable de fibra óptica suelto. Allí, acorraló a Iker Salcedo justo cuando el técnico intentaba deslizarse hacia la salida de emergencia. Iker no se sorprendió; solo se tensó, con los hombros encogidos bajo una sudadera demasiado grande para su complexión nerviosa.

—No te molestes, Iker. El sistema ya me ha marcado como despedido —dijo Tomás, bloqueándole el paso—. Faltan cuarenta y ocho horas, y el contador no se detendrá por una renuncia voluntaria. ¿Qué te tiene tan atado? ¿La hipoteca? ¿O las deudas de juego que Vera Ledesma te permite acumular para tenerte como su perro fiel?

La cara de Iker se desencajó. La verdad golpeó el pasillo con la fuerza de un golpe físico.

—Vera no es solo una directora, Tomás. Ella es la que paga a los acreedores que me están buscando. Si me ayudas, solo conseguirás que ambos terminemos bajo tierra. Pero si necesitas esto… —Iker le entregó una unidad flash con manos temblorosas—. Es el registro fuente. Pero ten cuidado: Vera ya sabe que alguien está hurgando.

Tomás se encerró en una sala de edición vacía. El zumbido de los servidores llegaba amortiguado; no había nadie más. Abrió el archivo con la mandíbula tensa y el reloj del monitor clavándole en la nuca: 47 horas y 11 minutos. La carpeta escondida detrás, una ruta sin metadatos, contenía un clip de trece segundos. No mostraba el relicario, sino su marca: una cadena de símbolos y una fecha incrustada en el borde del cuadro, exactamente como un sello técnico. Tomás aumentó el zoom hasta que el borde se deformó. Los caracteres coincidían con una transmisión censurada de hacía diez años, aquella que su padre le juró que era el origen de la mentira que ahora sostenía al canal.

El archivo era una trampa. Apenas terminó de cargar, el teléfono de Tomás vibró con una insistencia violenta. Una, dos, tres notificaciones seguidas. Tomás se detuvo bajo la luz parpadeante de un fluorescente, sintiendo cómo el aire se volvía denso. Abrió la aplicación del banco. El saldo, su último colchón de seguridad tras años de carrera profesional, mostraba un inquietante cero. Debajo, un mensaje de texto del departamento legal de la cadena: «Acceso no autorizado detectado. Identidad financiera revocada por violaciones de protocolo. Entregue su credencial en recepción o el proceso será penal».

Tomás cerró la laptop con un golpe seco. Vera Ledesma no estaba simplemente protegiendo la reputación del canal; estaba decapitando cualquier posibilidad de que él continuara la investigación desde la legalidad. Con la cuenta regresiva acortándose y su vida financiera reducida a cenizas, comprendió que el archivo fuente no era solo una pista: era su única moneda de cambio en un juego donde las reglas habían cambiado para siempre. Al revisar el registro, una cara conocida apareció en el fondo de la toma de hace diez años: era la propia Vera, mucho más joven, supervisando la misma anomalía que ahora lo estaba destruyendo.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced