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Chapter 10: Desafío al sistema

Leo hackea la red de la academia y expone la firma digital de Kaelen, revelando el asesinato de su padre ante todo el sector. Mientras Valky bloquea a los perseguidores, Leo sobrevive a un ataque directo de Kaelen, forzando un colapso sistémico en la academia.

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Desafío al sistema

El zumbido del Chatarra-09 no era un sonido, era una vibración que me taladraba los dientes, una frecuencia de dolor puro. La sincronización neuronal estaba clavada en un 65%, pero el calor que irradiaba el bastidor me advertía que estaba forzando el límite de lo físicamente posible. Afuera, en la torre de comunicaciones del Sector 7, el aire sabía a ozono y a metal calcinado. Los drones de asalto de Kaelen ya habían pulverizado la entrada principal; el eco de sus cañones de pulso retumbaba en las paredes de hormigón reforzado, acercándose con una precisión matemática que no dejaba espacio para el error.

—Valenti, ríndete —la voz de Kaelen cortó mi canal privado, gélida y cargada de una autoridad que ya no me asustaba—. Has cometido un error estadístico que no tiene reparación. La deuda de tu familia será liquidada con tu desguace.

No respondí. Mis manos, entumecidas por la carga neuronal, volaban sobre los controles. La firma digital que probaba el asesinato de mi padre estaba lista, pero el cortafuegos de la academia era un muro de hielo reforzado. Necesitaba energía. Mucha más de la que el bastidor podía gestionar sin fundirse.

—Valky, ¿estás ahí? —pregunté, con el aliento corto.

—El perímetro está colapsando, Leo —la voz de Valeria sonó a través de un canal encriptado que ella misma había forzado—. He desviado la energía de los estabilizadores del Sector 7 hacia tu línea. Tienes diez segundos antes de que el sistema detecte la anomalía y bloquee la transmisión.

Sin dudarlo, sacrifiqué la integridad estructural de mi brazo izquierdo. El Chatarra-09 gimió, un sonido metálico de torsión que resonó en mi propia columna, pero el flujo de energía se estabilizó. El cortafuegos de la academia, esa muralla de seguridad que protegía los crímenes de los poderosos, se resquebrajó ante la inyección de datos. En todos los HUD del sector, la verdad comenzó a desplegarse: los registros, las órdenes directas, la firma de Kaelen. El caos estalló en los hangares; los pilotos, hasta entonces ciegos por la jerarquía, empezaron a detener sus motores. La jerarquía se desmoronaba en tiempo real.

En los corredores de acceso, Valeria Soler no miró atrás cuando el pesado portón hidráulico se selló con un estruendo metálico, cortando el paso al escuadrón de élite que le pisaba los talones. Sus manos temblaban ligeramente sobre la consola, no por miedo, sino por la adrenalina fría de la traición irreversible.

—Soler, abre esa esclusa ahora mismo —rugió el capitán de la unidad por el altavoz externo—. El Director Kaelen ha ordenado tu detención por obstrucción a la justicia institucional.

Valeria ignoró la orden. Sus dedos volaron sobre la interfaz holográfica, sobrescribiendo los protocolos con su código de acceso de clase alta. Con un golpe seco en la tecla de confirmación, bloqueó el puente de mando secundario, dejando a Kaelen ciego.

—Lo siento, capitán —murmuró ella—. Pero la justicia no se encuentra en el manual de procedimientos.

En la plataforma de pruebas, Kaelen, furioso y acorralado, desplegó su mech personal: una mole de blindaje negro que eclipsaba cualquier cosa que yo hubiera enfrentado. El Director no estaba jugando; su cañón de riel cargado apuntaba directamente al núcleo del Chatarra-09.

—La justicia no se detiene porque un burócrata pierda el control, Kaelen —dije, con los dientes apretados mientras el dolor punzante en mis sienes me nublaba la vista.

Kaelen disparó. El impacto me sacudió, pero en lugar de colapsar, canalicé la sobrecarga hacia el módulo prototipo. La sincronización se disparó al 85%. Mi cerebro gritó, pero la respuesta fue inmediata: una reacción en cadena que destruyó el sistema de deuda de la academia en una explosión de datos y chatarra. El sistema colapsó, y mientras la plataforma se venía abajo, supe que esto era solo el inicio; Kaelen no era la cima, solo el primer peón que acababa de caer.

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