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Chapter 6: La arena de los caídos

Kael cae en la emboscada preparada por aliados de Valeria en el sector de desguace. Usando el enlace neuronal profundo, el módulo prototipo y el terreno industrial como ventaja, elimina a los tres atacantes uno por uno a costa de daño físico brutal compartido. Sobrevive demostrando superioridad táctica en condiciones imposibles, pero la revisión técnica de la Secta se acerca y su chasis ya no pasa desapercibido.

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La arena de los caídos

El pitido del rastreador resonó dentro del cráneo de Kael como un clavo helado: 71 horas restantes para la revisión técnica obligatoria del V-01. Menos de tres días para que la Secta decidiera si su chasis era material de estudio… o chatarra condenada. El mensaje anónimo llegó al canal cifrado de acceso nivel 2 justo cuando salía del taller de Jax, con el disipador neuronal 77-K todavía quemándole la nuca.

Sector 7-B, línea de fundición abandonada. Cuerpo de Titán-9 partido por la mitad. Núcleo de compensación vectorial intacto. Ventana de 47 minutos antes de que el equipo de reciclaje oficial lo reclame. Sin testigos. Sin registro. Ven solo.

Un núcleo completo valía más que todo su prestigio acumulado. Con eso podría estabilizar la estructura dorsal que el overdrive había destrozado, dejar de sentir cada paso como si le arrancaran las vértebras una por una. O podía ser la trampa más obvia que había leído en su vida. Se puso en marcha de todos modos.

El sector 7-B olía a óxido quemado y aceite que nunca terminaba de enfriarse. Pilas de extremidades amputadas de mecas antiguos formaban murallas torcidas bajo la luz mortecina de reflectores de emergencia. Kael avanzaba con el V-01 en modo sigilo térmico, amortiguadores al mínimo. Cada pisada era una decisión calculada para no hacer temblar los escombros.

Entonces lo sintió: tres firmas térmicas distintas, moviéndose en arco coordinado. El enlace neuronal tradujo las vibraciones del suelo en pinchazos precisos en su propia planta del pie. No era casualidad. Era una pinza.

Tres siluetas emergieron entre las pilas de cadáveres mecánicos. Cuervo con alas angostas de ataque rápido. Hierro Frío con blindaje pesado y lanzagranadas montado en el antebrazo. Garra con taladros giratorios en ambos brazos. Los tres lucían el emblema discreto de la Casa Veyra en el pectoral.

—Cadete de Prueba —la voz de Cuervo llegó por canal abierto, casi divertida—. Te perdiste buscando el núcleo que te prometimos, ¿verdad?

Kael giró el torso del V-01 detrás de un Centinela clase C partido por la mitad. El metal crujió contra metal; sintió el roce en sus propias costillas como si alguien hubiera pasado una lima oxidada por ellas.

Hierro Frío disparó primero. Tres granadas termobáricas reventaron a diez metros, lanzando fuego y esquirlas. Kael ya no estaba ahí. Rodó hacia la izquierda usando los estabilizadores secundarios del módulo. El enlace neuronal tradujo la maniobra en un tirón brutal en su abdomen, pero el V-01 completó el giro en 0.11 segundos. El módulo compensó la inercia residual como si el chasis pesara la mitad de lo que realmente pesaba.

Garra cargó con taladros rugiendo. Kael lanzó un resto de brazo hidráulico arrancado de un Titán viejo. El impacto lo desvió apenas lo suficiente. Los taladros rasgaron chatarra en vez de blindaje. Kael aprovechó el momento: activó los propulsores dorsales al 40 %, se impulsó contra una pila de torsos apilados y dejó caer una viga transversal sobre la trayectoria de Garra. El peso aplastó el tren de rodaje izquierdo del enemigo. Garra quedó ladeado, patinando en círculos inútiles mientras chispas saltaban de su pierna destrozada.

Kael sintió el daño en su propia pierna como si le hubieran arrancado tendones. Sangre caliente le corrió por la nariz. Pero Garra estaba fuera de combate.

Dos contra uno.

Cuervo y Hierro Frío cerraron la pinza. Sensores térmicos avanzados barrieron la zona. Kael retrocedió hacia la cámara de fundición abandonada, usando hornos colapsados como cobertura parcial. El módulo latía en su mente como un segundo corazón enfermo. Compensación vectorial al 87 %. Aún insuficiente.

Hierro Frío disparó tres pulsos de riel. Kael rodó, el actuador de cadera gritando en su nervio ciático. El impacto astilló un pilar. Fragmentos llovieron sobre el V-01; cada golpe se registró como martillazos en su propia espalda.

Estaba acorralado.

No había palabras que valieran oxígeno ahora.

Kael inclinó el torso apenas diez grados. El módulo prototipo respondió al instante. Forzó la sobrecarga controlada: redirigió toda la energía del disipador neuronal hacia un pulso electromagnético asimétrico. No era un EMP limpio. Era sucio, direccional, diseñado para freír sistemas específicos sin matarse a sí mismo en el proceso.

El pulso estalló.

Cuervo quedó paralizado a medio salto; su núcleo de fusión chisporroteó y se apagó en seco. El Centinela clase A cayó de rodillas, humeante, luces de emergencia parpadeando en rojo desesperado.

El retroceso del overdrive golpeó a Kael como un tren. Perdió el conocimiento tres segundos. Cuando volvió en sí, estaba de rodillas dentro de la cabina, visión borrosa, alarmas críticas aullando en todos los canales. El V-01 emitía vapor por cada junta reventada.

Solo quedaba Hierro Frío.

El enemigo avanzaba entre las columnas retorcidas. Su cañón de riel acumulaba carga; el zumbido era audible sobre el viento industrial. Kael retrocedió dos pasos. El V-01 cojeaba del lado izquierdo; la pierna crujía en cada transferencia de peso.

—Última oportunidad, paria —dijo Hierro Frío, voz fría—. Ríndete y tal vez solo te desguacen el chasis. Resiste y te desguazamos a ti dentro.

Kael no respondió. Inclinó la cabeza y dejó que el enlace neuronal barriera el entorno. No era solo visión. Era tacto extendido. Sintió la vibración sutil en un pilar crítico debilitado por los impactos anteriores: una viga maestra a punto de ceder.

Hierro Frío cargó el cañón para el golpe final.

Kael disparó al punto exacto de la viga. El proyectil perforó el metal debilitado. La estructura gimió. Luego colapsó.

Toneladas de chatarra y vigas cayeron en avalancha precisa sobre Hierro Frío. El Centinela clase A intentó retroceder, pero ya era tarde. Quedó atrapado bajo la masa, blindaje retorcido, cañón de riel aplastado contra el suelo.

Silencio.

Solo el crepitar de metal enfriándose y las alarmas agonizantes del V-01.

Kael se apoyó contra una pared derruida. Sangre le goteaba de la nariz y las orejas. El enlace neuronal ardía, pero también le mostraba cada fisura, cada soldadura improvisada, cada punto débil que ya no era sorpresa sino arma.

El desguace era suyo ahora.

Sus enemigos estaban atrapados con él.

Y en alguna parte, muy cerca, la revisión técnica de la Secta se acercaba. Setenta y una horas. Cada vez menos.

Pero el V-01 ya no parecía solo chatarra. Y eso, más que cualquier victoria, iba a costarle caro.

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