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Chapter 1: Chatarra con pulso: El primer sorteo

Kael sobrevive a un sorteo amañado en el Mercado de la Secta de Hierro al recibir un chasis V-01 en ruinas. Bajo la presión de una ejecución inminente en las minas, logra forzar un bypass neuronal en el meca, descubriendo un módulo prototipo prohibido que estabiliza la máquina justo cuando comienza la prueba de supervivencia.

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Chatarra con pulso: El primer sorteo

El aire en el Mercado de Salvamento de la Secta de Hierro sabía a ozono quemado y a la amarga desesperación de los que no tienen nada. Kael apretó los puños, sintiendo la aspereza de sus guantes reforzados contra la palma de la mano. Frente a él, las pantallas de clasificación parpadeaban en un rojo gélido: 09:42. Menos de diez minutos para el cierre del registro. Si no conseguía un chasis operativo, su nombre sería purgado de la lista y su destino sellado en las minas de cobalto del subsuelo.

—¿Sigues aquí, rata de alcantarilla? —La voz de Valeria cortó el murmullo del mercado. La heredera caminaba con una elegancia depredadora, escoltada por dos guardias de la Secta. Su chasis, un modelo 'Centinela' de aleación pulida, brillaba bajo las luces halógenas, un contraste insultante frente a la pila de metal oxidado que Kael observaba.

—El sorteo es justo, Valeria. Al menos en teoría —respondió Kael, manteniendo la mirada fija en el supervisor de la arena. No le dio el gusto de retroceder.

—La justicia es un lujo para quienes tienen crédito, no para los que mendigan piezas en el basurero —se burló ella. Los espectadores cercanos se alejaron, marcando la distancia social necesaria para no ser asociados con el paria que pronto sería carnaza.

El sorteo comenzó con un estruendo hidráulico. Valeria recibió un 'Vanguardia' de clase A, impecable, con los sellos de fábrica aún intactos. Cuando llegó el turno de Kael, la grúa dejó caer un bastidor modelo V-01, un amasijo de metal corroído que apenas conservaba la forma de un meca. La multitud estalló en carcajadas. Kael no vaciló; se acercó al chasis, ignorando los gritos de los supervisores que ya preparaban su traslado a las minas.

El hangar 42 apestaba a aceite rancio. Kael se arrastró bajo el 'Chatarra', mientras el Mentor Jax, un hombre de manos manchadas por años de desguace, golpeaba un panel lateral con una llave inglesa oxidada.

—Si no logras que el núcleo de ignición se estabilice en menos de diez minutos, la Secta te enviará a las minas antes de la puesta de sol —gruñó Jax—. Y créeme, ahí abajo no se pilotan mecas, se muere de hambre.

Kael ignoró el escozor en sus nudillos. Sus dedos buscaban la conexión neuronal primaria, un puerto tan corroído que los pines apenas hacían contacto. El cronómetro proyectado en la pared marcaba 07:15. El sistema rechazaba la sincronización, bloqueando cualquier entrada con un pitido agudo y constante.

—Es un modelo de la era de la Gran Purga —dijo Jax, cínico—. Tienen fantasmas. Si quieres domar a esta bestia, no puedes usar los protocolos de la Secta. Tienes que forzar el bypass manual.

Kael cerró los ojos, concentrándose en el pulso residual del núcleo. En lugar de seguir el manual de la Academia, buscó la frecuencia de resonancia del metal, sintiendo la vibración del chasis como si fuera su propia piel. De pronto, un destello azul recorrió su columna vertebral. Una interfaz desconocida, densa y cargada de datos técnicos prohibidos, se desplegó en su mente. No era solo un meca; era un prototipo de combate de una era olvidada, un arma que el sistema había intentado borrar.

El hangar tembló. La alarma de la arena sonó, indicando el inicio de la prueba de supervivencia. Kael se subió a la cabina mientras los supervisores se preparaban para ver su fracaso. Valeria, desde su impecable 'Valkiria', lo observaba con desprecio desde el otro lado de la reja.

—El sistema de reciclaje tiene una cuota que cubrir, Kael. No te molestes en encenderlo; el motor morirá antes de que des el primer paso —se burló ella por el canal abierto.

Kael no respondió. Sus manos se movían con una precisión maníaca. El sistema central emitía advertencias de fallo, pero él ignoró el dolor punzante en sus sienes. Forzó la conexión neuronal directa con el módulo que acababa de descubrir. El contador llegó a cero y los cañones de la arena se activaron. Valeria se movió con gracia, esquivando el primer impacto, pero Kael permaneció inmóvil. El 'Chatarra' crujió, liberando una descarga de energía que hizo retroceder a los mecas cercanos. El módulo prototipo parpadeó en la pantalla: 'Protocolo de Sincronización Iniciado'. Kael no sabe qué es, pero el meca acaba de dejar de vibrar.

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