La elección
El silencio en el penthouse no era un vacío; era una presencia física, pesada y cortante como el cristal tallado de la mesa donde Adrián acababa de depositar el maletín. El aire, purificado hasta la esterilidad, se sentía inusualmente gélido, despojado de la tensión eléctrica de las discusiones previas. Elena observó el cuero oscuro del maletín. Dentro, su pasaporte, una cuenta bancaria sin rastro y el anexo de rescisión que Adrián había mantenido oculto durante meses. La libertad, el objeto de su deseo más desesperado desde que Julián apareció en la puerta del colegio, estaba allí, extendida ante ella como una sentencia.
Adrián se mantenía a una distancia
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