Documentos reveladores
El despacho de Adrián no era un santuario; era una caja fuerte de la que él poseía todas las llaves. Elena sostenía el anexo de rescisión contra su pecho, el papel crujiendo bajo sus dedos como una prueba irrefutable de su cautiverio. La cláusula de anulación, fechada tres días antes de su primer encuentro, no era un error administrativo. Era un seguro de vida contra ella misma.
La puerta se abrió. Adrián entró, el aire a su alrededor
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