Novel

Chapter 10: El último suspiro del imperio

Julián confronta a Patricio en su despacho, solo para descubrir que el Libro Negro es una trampa diseñada para incriminarlo. Mientras la policía irrumpe, Patricio manipula las órdenes de arresto para que Julián sea detenido en su lugar. La escena culmina con Julián esposado mientras la reaparición pública de Elena comienza a transmitirse en las pantallas del vestíbulo.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

El último suspiro del imperio

La llave maestra vibró en la mano de Julián, un pedazo de metal frío que pesaba como una sentencia. El despacho de Patricio Varela, en el piso cuarenta de la sede corporativa, olía a cuero antiguo y a la arrogancia de quien se cree dueño del tiempo. Julián irrumpió con el pulso martilleando sus sienes, el agua de la tormenta goteando de su chaqueta sobre la alfombra persa. Allí, sobre el escritorio de caoba, descansaba el Libro Negro. Pero al abrirlo, el alivio se transformó en náusea: las páginas no contenían los registros de las cuentas offshore de la familia, sino una cronología detallada de su propia vida, con documentos falsificados que lo vinculaban directamente con el secuestro de Elena.

—Es una trampa perfecta, ¿verdad, Julián? —la voz de Patricio surgió de las sombras del ventanal, cortando el aire como un bisturí. El Patriarca no se inmutó al verlo; simplemente dejó su reloj de bolsillo sobre la mesa, marcando el inicio de la cuenta final—. Tres horas para mi vuelo. Tienes menos de diez para que la policía llegue y encuentre al responsable de la desaparición de mi sobrina con el diario de sus crímenes en la mano.

El agua de los rociadores contra incendios, activados por el sabotaje de Julián en el sistema de seguridad, comenzó a impactar contra la caoba, convirtiendo los documentos confidenciales en una masa de pulpa gris. Julián se lanzó sobre el suelo, ignorando el dolor en sus costillas mientras sus dedos buscaban desesperadamente cualquier rastro de verdad entre los papeles mojados. Patricio, al otro lado de la estancia, se mantenía impasible, ajustándose los gemelos con una calma que a Julián le provocó náuseas.

—El agua no borrará tu firma, Julián —sentenció el patriarca, su voz apenas un susurro por encima del estruendo de la tormenta que azotaba los ventanales blindados—. La policía no busca a un heredero; busca a un fugitivo que ha secuestrado a su propia prima.

Julián encontró el libro. Estaba empapado, con la tinta de las anotaciones de contabilidad B-side corriendo como sangre negra sobre las páginas. Era una falsificación diseñada para incriminarlo con registros de transferencias que él jamás había autorizado. El costo de esta pista era su libertad: si salía de allí con el libro, la policía encontraría la evidencia exacta que Patricio necesitaba para condenarlo. El estruendo de pasos pesados resonó en el pasillo. La seguridad privada no tardaría ni diez segundos en derribar la puerta. Julián no tenía tiempo para limpiar su nombre, solo para sobrevivir. Con un movimiento brusco, arrancó las páginas digitales del servidor local y se lanzó hacia la salida de emergencia, con el Libro Negro mojado aún en su mano, un lastre que ahora pesaba más que su propia vida.

El mármol del vestíbulo estaba resbaladizo por la lluvia que los empleados de seguridad habían arrastrado al entrar, pero para Julián, el riesgo no estaba en el suelo, sino en el cerco de patrullas que bloqueaba la salida principal. El aire en la sede de Varela Holdings era denso, cargado de un olor a ozono y a desinfectante industrial. Julián apretó el Libro Negro contra su costado; el cuero húmedo le quemaba la piel.

—¡Julián Varela! ¡Manos arriba! —El grito del oficial al mando rebotó en los techos altos, silenciando el murmullo de los recepcionistas. Julián se detuvo. Sus rodillas flaquearon, no por miedo, sino por el agotamiento de seis días huyendo de su propia sangre. Vio a Patricio al otro lado del vestíbulo, impecable, ajustándose los puños de la camisa mientras caminaba hacia la salida lateral. El patriarca no corría; caminaba con la calma de quien posee la ley y el tiempo.

—¡Es él! —gritó Julián, señalando a Patricio—. ¡Él tiene los documentos, él es quien debe estar bajo custodia!

Los oficiales, sin embargo, no miraron a Patricio. Sus armas estaban fijas en el pecho de Julián. El oficial principal se acercó, su rostro era una máscara de indiferencia institucional. No había rastro de justicia en sus ojos, solo la pesadez de una orden superior que ya había sido pagada y sellada. Mientras las esposas se cerraban sobre sus muñecas, Julián vio cómo Patricio se detenía un segundo, dedicándole una sonrisa gélida antes de desaparecer hacia su coche oficial. En ese instante, la pantalla gigante del vestíbulo parpadeó. La señal, bloqueada al 50% pero activa, comenzó a emitir un rostro: el de Elena, reapareciendo ante las cámaras, rompiendo el silencio que Patricio creía haber enterrado para siempre.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced