El costo de la protección
El silencio en el apartamento de Elena no era paz; era una tregua armada. Julián sostenía el coche de madera entre sus dedos largos, un objeto que parecía un insulto a la elegancia del traje a medida que lucía. Era una mancha de simplicidad en su mundo de activos de alto riesgo.
—Es curioso —dijo Julián, girando el juguete con una parsimonia que heló la sangre de Elena—. Este modelo no se encuentra en las tiendas de diseño que frecuentas. Tiene marcas de uso. Alguien lo ha amado mucho.
Elena sintió que el aire se volvía denso. Sus manos, ocultas tras la espalda, se cerr
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