La sombra de la verdad
El restaurante privado en la zona financiera no era un lugar para cenar; era un tribunal de cristal diseñado para diseccionar reputaciones. Elena ajustó el broche de su vestido, sintiendo el peso de la mirada de Doña Beatriz sobre su cuello. A su lado, Julián mantenía una postura de acero, su mano enguantada reposando apenas un milímetro por encima de la cintura de Elena. No era un gesto de afecto, sino una marca de propiedad negociada bajo la luz fría de los candelabros.
—Elena, querida —la voz de Beatriz era seda sobre cristal roto—. Julián es un hombre de gustos... exigentes. Me pregunto qué parte de tu pasado le ha convencido de que eres la pieza que encaja en su tablero.
Elena sintió el pulso martillea
Preview ends here. Subscribe to continue.