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Chapter 10: Chapter 10

Julián, acorralado en el ala de UCI, intenta salvar la evidencia digital antes de la purga, pero es interceptado por el Director Méndez. Méndez le ofrece un ultimátum brutal: entregar las pruebas incriminatorias a cambio de la supervivencia de Elena, quien está bajo soporte vital, o ver cómo el sistema provoca una falla técnica fatal en diez minutos.

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Chapter 10

El aire en la Unidad de Cuidados Intensivos no era aire; era una mezcla de desinfectante punzante y el ozono metálico de los servidores sobrecalentados. Julián Varga se presionó contra el panel de cristal de la habitación 402, sintiendo el frío del vidrio entumecerle los dedos. Dentro, Elena dormía. Su respiración, asistida por un ventilador que emitía un siseo rítmico, era el único metrónomo que le quedaba. Faltaban cinco horas y cuarenta minutos para la purga total. El sistema ya no reconocía su huella, su ID ni su voz. Para el hospital, Julián Varga era un error de sistema que debía ser eliminado antes del amanecer.

—Julián… —El susurro de Elena fue apenas un hilo de voz. Julián se obligó a despegarse del cristal. En su bolsillo, la factura de Logística S.A. y la confesión garabateada por su hermana pesaban como plomo. Eran la prueba de que el hospital funcionaba como almacén central de una red de tráfico de suministros. Un golpe seco en el conducto de ventilación lo obligó a moverse. El pasillo estaba bloqueado y el gas inerte que empezaba a filtrarse por las rejillas era la señal de que el sistema ya había empezado a borrar las pruebas físicas.

Julián se deslizó hacia el nodo de servidores secundarios, un espacio gélido donde el zumbido eléctrico erizaba la piel. Miró el cronómetro de su móvil: 5 horas y 28 minutos. Con manos temblorosas, conectó el dispositivo de almacenamiento al puerto maestro, cargando la factura de Logística S.A. junto con la confesión de Elena. Necesitaba que esa información saliera de la institución antes de que el servidor eliminara todo rastro de negligencia.

—No pierdas el tiempo, Julián. El cortafuegos ya está reescribiendo la arquitectura de red —la voz del Director Méndez resonó en el pasillo, cortando el silencio como un bisturí. Julián se giró, bloqueando el puerto con su cuerpo. Méndez estaba allí, impecable, con dos guardias de seguridad a sus espaldas. Su calma era más aterradora que cualquier grito. —Sé lo que tienes ahí. La factura de Logística S.A. es un error administrativo insignificante. Lo que realmente me preocupa es tu insistencia en convertirte en un mártir.

El despacho del Director olía a cera de muebles antiguos y a una esterilidad insultante. Julián permanecía de pie frente al escritorio de caoba, sintiendo el peso de los documentos en su chaqueta. El reloj digital tras Méndez marcaba las 04:20:12. Cuatro horas y veinte minutos para que el servidor borrara toda evidencia de la red de tráfico.

—Tu usuario ya no existe, Julián —dijo Méndez, recostándose en su silla con una sonrisa desprovista de calidez—. Te has convertido en un fantasma. Y un fantasma, lamentablemente, tiene posesiones que no le pertenecen.

Julián apretó los puños, obligándose a no mirar hacia la puerta. La vida de Elena pendía de un hilo, y Méndez lo sabía. El Director se inclinó hacia adelante, dejando caer su máscara de cortesía.

—Tengo una propuesta. Puedes entregarme esos papeles ahora mismo, salir por la puerta principal y borrar este incidente de tu memoria. Si lo haces, el tratamiento de Elena continuará sin interrupciones, y su historial médico será... corregido para asegurar su recuperación. Si te niegas, el soporte vital en la 402 fallará en menos de diez minutos por una 'falla técnica' del sistema. Tú eliges: la verdad que nadie leerá, o la vida de tu hermana. El reloj no se detiene, Julián.

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