Novel

Chapter 6: Chapter 6

Julián obtiene la confesión forzada de Elena tras infiltrarse en el despacho de Méndez, pero es confrontado por el Director. Descubre que Elena es un rehén institucional y que Roberto, su supuesto aliado, es el supervisor de las purgas del sistema. El tiempo se agota mientras la auditoría de su usuario llega a su fase final.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

Chapter 6

El zumbido del servidor en el sótano no era un ruido blanco; era una cuenta regresiva que vibraba en los huesos de Julián Varga. 05:59:12. El cronómetro en la pantalla de la terminal secundaria parpadeaba con una insistencia cruel. Julián, con los dedos entumecidos por la tensión, introdujo la secuencia alfanumérica que Ramiro Véliz le había entregado. El sistema no solo aceptó el acceso; desplegó una jerarquía de archivos que el hospital consideraba inexistentes.

Julián encontró la carpeta cifrada: Protocolo de Contingencia 402. Dentro, el archivo PDF de la confesión de Elena. No era una transcripción; era un documento escaneado con su firma temblorosa al pie, fechada tres horas antes de que ella fuera trasladada a la unidad de aislamiento. Julián descargó el archivo a su unidad encriptada, pero el sistema respondió con un destello rojo: «ALERTA: Auditoría de usuario iniciada. Acceso administrativo revocado en 05:58:00».

No había tiempo para dudar. Julián arrancó el dispositivo y corrió hacia el pasillo administrativo, esquivando a los celadores que patrullaban con una rigidez inusual. El despacho del Director Méndez estaba vacío, pero el aire aún conservaba el aroma a tabaco caro y desinfectante. Julián se dirigió a la caja fuerte oculta tras el cuadro de la pared. Sus manos, empapadas en sudor, apenas lograron manipular el dial. Al abrirse, el metal chirrió, revelando el documento original: la confesión que Méndez había forzado a Elena a firmar.

Un ruido seco en el umbral lo detuvo. El Director Méndez estaba allí, observándolo con una calma que resultaba más aterradora que cualquier grito.

—Es una lástima, Julián —dijo Méndez, ajustándose los gemelos—. Has pasado de ser un burócrata eficiente a un ladrón de propiedad institucional. La policía ya está en camino.

Julián no respondió. Guardó los documentos en su chaqueta y salió disparado hacia la habitación 408. Elena lo miraba desde la cama, con los ojos inyectados en sangre.

—Tengo la prueba, Elena. Méndez no puede mantenerte aquí —dijo Julián, extendiendo los papeles.

Ella soltó una risa amarga, casi un sollozo.

—¿Crees que esto es sobre mí? Méndez me mostró los expedientes de tres pacientes en cuidados intensivos. Si hablo, sus respiradores se apagarán por un «fallo técnico». No soy una paciente, Julián, soy un rehén. El enfermero que administró la dosis no fue Ramiro; fue alguien que responde directamente a él.

La revelación golpeó a Julián como un mazazo. La negligencia no era un error; era un sistema de control. Al salir al estacionamiento, el médico de urgencias, Roberto, le bloqueó el paso.

—El sistema ha detectado tu auditoría, Julián. Méndez sabe que tienes el código. Dame eso —dijo Roberto, extendiendo la mano con una frialdad profesional.

Julián retrocedió, comprendiendo que cada paso que había dado estaba siendo monitoreado por el propio hospital.

—Tú no eres un aliado —sentenció Julián.

—Soy el supervisor de las purgas —respondió Roberto—. Has sido mi peón para identificar qué archivos aún estaban fuera de control.

Julián se quedó solo, con la evidencia en su bolsillo y el servidor principal a punto de borrarse. La cuenta regresiva seguía avanzando: 05:59:00. Toda evidencia sería purgada.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced