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Chapter 10: El retorno del doctor

Julián Varga irrumpe en el Comité Médico Nacional, presentando pruebas irrefutables de la corrupción que causó su inhabilitación. Tras humillar a Santillán y presionar al comité con la denuncia de Arismendi, recupera su licencia profesional. El capítulo cierra con Julián preparándose para el golpe final contra SaludCorp en el restaurante.

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El retorno del doctor

El Mercedes negro se detuvo frente al edificio del Comité Médico Nacional con un chirrido que cortó el aire. Julián Varga bajó sin esperar al chofer. Llevaba el traje oscuro que Elena había seleccionado, pero el peso real no estaba en la tela, sino en el acta de propiedad del restaurante Varga y la declaración jurada de Arismendi, aún impregnada del olor a antiséptico de hospital.

Cruzó la acera sin mirar el letrero que alguna vez lo había intimidado. Entró en el vestíbulo de mármol donde, siete años atrás, le habían notificado su inhabilitación con una sonrisa piadosa. La recepcionista levantó la vista. La misma mujer, el mismo corte de cabello, pero sus ojos se abrieron con un reconocimiento que no pudo ocultar.

—Tengo cita con el comité —dijo Julián, con voz plana—. Audiencia extraordinaria. Expediente 47-2018.

—Señor Varga… no hay ninguna audiencia programada. Debe pasar por secretaría y—

Julián apoyó el portafolio sobre el mostrador con un golpe seco.

—Abran la sala. Ahora.

Dos excompañeros de residencia se detuvieron en el pasillo, susurrando. Julián marcó el número de Arismendi.

—Póngame con el doctor Mendizábal —ordenó al auricular—. Dígale que tengo la declaración jurada y el acta notarial. Si no baja en tres minutos, la subo a la red junto con las transferencias que ya tiene en su escritorio.

Treinta segundos después, el ascensor se abrió. Mendizábal apareció, con la corbata torcida y el rostro congestionado.

—Doctor Varga, esto es irregular.

—Irregular fue revocar mi licencia por un informe falso pagado por SaludCorp. Irregular fue permitir que Santillán firmara mi sentencia mientras cobraba dos millones setecientos mil pesos de la misma empresa. Abra la sala o el país sabrá por qué el Comité protege a traficantes de órganos disfrazados de proveedores farmacéuticos.

Las puertas de roble se abrieron. Julián entró solo. Doce pares de ojos lo siguieron. El doctor Rafael Santillán, en el extremo derecho, palideció al ver el maletín de aluminio que Julián dejó caer sobre la mesa con un estruendo metálico.

—No vengo a sentarme —declaró Julián—. Vengo a entregarles lo que debieron revisar hace tres años.

Extrajo el primer documento: la transferencia bancaria.

—Esta transferencia se realizó el 14 de octubre de 2018. Dos días después, recibí la notificación de inhabilitación por “mala praxis”. Aquí está el correo de SaludCorp a Santillán: “Asunto resuelto. Continuar con fase 2”. La fase 2 era el canal de lavado que pasaba por el Restaurante Varga.

Santillán se puso de pie, temblando.

—¡Es material manipulado!

—Certificado por notario y con sello digital del SAT —replicó Julián—. O puede pedir que entren los peritos de la Fiscalía que esperan afuera.

El silencio fue absoluto. Julián continuó, implacable:

—Tengo la declaración jurada del señor Arismendi. Confirma que realicé una cricotirotomía de emergencia mientras Santillán pedía una ambulancia. Arismendi vive y ya presentó denuncia por intento de homicidio corporativo.

Valdés, el presidente, levantó la mano.

—Suspendemos la sesión veinte minutos.

Cuando regresaron, Mendizábal caminaba como un hombre condenado.

—El comité ha determinado que la resolución 472/19 adolece de vicio de origen insanable. Declaramos nula dicha resolución y restituimos de manera inmediata la licencia profesional del doctor Julián Varga Rentería.

Julián tomó el sobre sin abrirlo.

—SaludCorp sigue operando. Tienen auditores en el restaurante ahora mismo. Si algo le pasa al señor Arismendi o al establecimiento, sabrán exactamente a quién culpar.

Salió al pasillo. Su teléfono vibró. Un mensaje de Elena: “Auditores de SaludCorp en la puerta. Traen policía. ¿Qué hago?”.

Julián escribió una sola línea: “Déjalos entrar. Tengo lo que necesitan para caer todos”.

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