Novel

Chapter 10: El banquete de la justicia

Álvaro Sanz utiliza el restaurante Salvatierra como escenario para exponer el fraude de Federico Arriaga ante sus inversores. La purga legal y la evidencia presentada provocan la deserción total de los aliados de Arriaga, dejándolo aislado y al borde de la ruina total mientras Álvaro toma el control de la deuda pública.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

El banquete de la justicia

El aroma a romero y el calor de la cocina del Salvatierra no eran solo una atmósfera; eran el archivo vivo de la familia Sanz. Álvaro presidía la mesa, con los dedos sobre un sobre de cuero desgastado. Dentro, el veneno legal que desmantelaría la red de Federico Arriaga. Los inversores, hombres que hasta hacía cuarenta y ocho horas se inclinaban ante el magnate, evitaban ahora su mirada, centrados en los documentos que Álvaro había deslizado frente a ellos: la prueba irrefutable de que sus garantías financieras habían sido desviadas para cubrir el desfalco municipal.

—El menú de esta noche es una despedida —dijo Álvaro. Su voz, una calma quirúrgica, cortó el murmullo de la sala—. Una despedida a la era de la deuda fantasma.

Doña Irene, con la espalda erguida, colocó una bandeja de plata frente al inversor principal. El hombre, cuyo rostro pálido delataba el terror a la purga legal que ya recorría los pasillos del ayuntamiento, vaciló antes de abrir el expediente. En el momento en que sus ojos recorrieron las cifras de la deuda pública y la firma municipal falsificada, el cristal de su copa vibró contra el plato. La red de Arriaga no se estaba desmoronando; estaba siendo borrada.

La puerta principal se abrió de golpe. Federico Arriaga irrumpió en el restaurante, sin su séquito de abogados, con la corbata floja y una vena palpitando en su sien. Su fachada de magnate intocable se había desintegrado bajo el peso de los arrestos masivos que ya alcanzaban a sus lugartenientes.

—¡Sanz! —rugió Arriaga, caminando hacia la mesa con pasos erráticos—. ¿Crees que este teatro detendrá lo inevitable? ¡Mis activos están consolidados! Tú no eres más que un fantasma que se niega a enterrarse.

Álvaro ni siquiera se levantó. Levantó la vista, permitiendo que el silencio del salón, ahora poblado por inversores que miraban sus teléfonos con creciente horror ante las noticias de la purga, hablara por él.

—Buscas a Requena, Federico —dijo Álvaro, su tono tan frío que pareció bajar la temperatura de la estancia—. Pero él ya está bajo custodia. Y, a diferencia de ti, él sí sabe quién es el verdadero arquitecto de esta estafa.

Arriaga se detuvo en seco. La mención de Requena, su chivo expiatorio, golpeó como un mazazo. El magnate escaneó la mesa, buscando un aliado, una mirada cómplice, pero solo encontró el vacío. Los inversores, viendo la evidencia del fraude y la caída de la red de protección, comenzaron a levantarse. El sonido de las sillas arrastrándose sobre el suelo de madera era el ruido de un imperio colapsando.

—Esto no es una invitación para negociar —continuó Álvaro, poniéndose en pie lentamente—. Es la última oportunidad de salvar lo que queda de tu reputación. Entrega tus activos, firma la renuncia a la licitación y quizás el archivo completo de tus crímenes no llegue al fiscal general esta misma noche.

Arriaga, solo en el centro del salón, vio cómo su último inversor abandonaba el local sin mirar atrás. La hegemonía que había construido sobre el miedo se había evaporado. El restaurante, el archivo físico de su caída, lo rodeaba como una jaula. Álvaro Sanz no había ganado solo una cena; había reclamado el futuro de la ciudad, dejando a Arriaga desnudo ante el abismo de su propia ruina.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced