El nuevo comienzo
El aire en el despacho privado de Julián Varga siempre había tenido un peso metálico, una presión que dictaba cada respiración. Pero hoy, cuando Elena dejó el contrato de anulación sobre la mesa de caoba, el peso se disipó. No hubo el esperado alivio inmediato, sino un silencio denso, cargado de la realidad de lo que acababa de ocurrir: ya no eran socios, ni aliados forzados, ni una fachada pública.
—El fiscal tiene el ledger —dijo Elena, su voz firme, sin rastro de la vacilación que la había perseguido durante meses—.
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