Documentos bajo llave
El aire dentro del coche oficial de Julián Varga era irrespirable, cargado con el aroma a cuero tratado y la electricidad estática de la gala que acababan de abandonar. Elena mantenía el sobre amarillento apretado contra su regazo, con los nudillos blancos bajo la luz tenue que se filtraba por las ventanas polarizadas. Había sido un error dejarlo a la vista; ahora, el documento era una daga que separaba la fachada de su realidad.
—No pretendas que no lo vi —dijo Elena, rompiendo el silencio gélido. Su voz, aunque firme, delataba la urgencia de quien sabe q
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