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Chapter 11: El último peldaño

Kaelen expone la corrupción de la Academia ante la red pública, provocando el colapso del sistema y la intervención de un Emisario de una secta superior. Tras una tensa negociación donde utiliza la transparencia como arma, Kaelen logra escapar de la Academia, dejando atrás a un Vane derrotado y descubriendo que el mundo exterior es un mercado mucho más vasto.

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El último peldaño

El aire en la Arena de Pruebas no vibraba con energía espiritual, sino con el crujido de un sistema colapsando. Sobre las gradas, la proyección holográfica de los registros financieros mostraba el fraude sistemático: nombres de estudiantes despojados de su vitalidad para alimentar las arcas de la élite. Kaelen, apoyado contra el borde de la plataforma, sentía cómo su propia vitalidad se filtraba por las grietas de su cuerpo tras el uso del manual prohibido. Sus dedos temblaban, pero su mirada estaba fija en el Supervisor Vane.

—¡Es una falsificación! —rugió Vane, pero su voz carecía de la autoridad de antaño. Los estudiantes, antes sumisos, ahora lo señalaban, susurrando con una rabia recién descubierta. La evidencia era irrefutable; cada moneda de cultivo desviada estaba vinculada a una firma digital que Vane no podía desmentir. Kaelen apretó los dientes, sintiendo el vacío en su núcleo. Con un esfuerzo agónico, canalizó su última reserva hacia el nodo central. La proyección se expandió, cubriendo el cielo nocturno de la Academia con una luz dorada y punzante que exponía la ubicación exacta de los depósitos secretos de Vane. —El mercado no miente —sentenció Kaelen, su voz amplificada por el sistema que él mismo había hackeado.

El triunfo duró un latido. El aire en la arena se volvió gélido, cargado con una presión que hizo que los huesos de Kaelen crujieran. Un Emisario de la secta superior descendió, deslizándose sobre un aura de energía púrpura que marchitaba la piedra a su paso. Vane, el otrora poderoso supervisor, cayó de rodillas, con el rostro hundido en el polvo.

—La corrupción es un cáncer, Vane —la voz del Emisario resonó, desprovista de humanidad—. Tu incapacidad para contener a este 'fallo' ha comprometido la purificación del sector. —Vane sollozó, intentando balbucear una disculpa, pero un simple gesto del superior lo inmovilizó contra el suelo, rompiendo sus huesos con una presión invisible. El Emisario se giró hacia Kaelen, una hoja de energía vibrando sobre el cuello del joven. —Tu vida termina aquí, Kaelen, o se convierte en una herramienta. Conviértete en el nuevo recolector de la secta, o sé purgado.

Dentro de las cámaras privadas, lejos de la mirada pública, Kaelen negoció con la muerte. El artefacto en su núcleo palpitaba, una brasa inestable que devoraba su vitalidad.

—Vane no era el problema, era el síntoma —respondió Kaelen, forzando una calma gélida—. Si me eliminan, la red pública que he hackeado se borrará automáticamente, pero si me dejan salir, el mercado externo sabrá quiénes son los verdaderos dueños de este sistema. La transparencia es un arma, y yo ya he apretado el gatillo. —Lira emergió de las sombras, sus ojos fijos en el artefacto. Kaelen le lanzó un objeto metálico, una falsificación perfecta que ella atrapó con avidez, creyendo que era la llave del mercado exterior. Mientras ella se distraía, Kaelen consolidó su escape.

La barrera de energía de la Academia, antes un símbolo de prestigio, ahora zumbaba como una herida abierta. Kaelen llegó a la puerta principal, con los pulmones ardiendo. Vane, despojado de su rango y quebrado, intentó bloquear el paso con lo poco que le quedaba de su aura, una sombra marchita comparada con la figura del Emisario que observaba desde lo alto. Kaelen no respondió. Hundió su mano en la superficie vibrante del campo de fuerza y activó la técnica de «Succión de Ambiente». La energía de contención, diseñada para sellar a los intrusos, comenzó a fluir hacia el interior de su núcleo, convirtiendo la barrera en su propio impulso de salida. Con un estallido de luz amatista, la cúpula se resquebrajó y Kaelen cruzó el umbral. Ante él, el páramo exterior se extendía bajo un cielo infinito, una red de ciudades-mercado esperando ser conquistadas. La Academia era solo el primer peldaño; el verdadero mercado apenas comenzaba.

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