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Chapter 1: Deuda de sangre y el último peldaño

Kaelen sobrevive a la prueba de clasificación inicial mediante una técnica prohibida, ganando su permanencia por un margen mínimo. Sin embargo, su éxito atrae la atención hostil del Supervisor Vane y lo vincula a una reliquia peligrosa que Lira identifica como un objetivo de sectas oscuras.

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Deuda de sangre y el último peldaño

El cronómetro hexagonal sobre la Plaza de Clasificación de la Academia de las Cumbres no marcaba el tiempo; dictaba sentencias. Faltaban dos minutos para el cierre de temporada. Para Kaelen, el zumbido de la cuenta regresiva era el eco de una guillotina descendiendo sobre su cuello.

—Cero puntos. Eres un desperdicio de espacio, Kaelen —la voz del Supervisor Vane cortó el aire gélido, amplificada por los altavoces de la arena. El pergamino de registro cayó a los pies del joven, arrojado con un desdén calculado para humillarlo frente a la élite de la academia. Vane, con su uniforme impecable y su aura de superioridad, sonrió. Sus ojos, fríos como el acero de una hoja de ejecución, recorrieron la figura delgada de Kaelen—. No pierdas el tiempo intentando conectar tu núcleo. Es un pozo seco. Tu expulsión es una formalidad estadística.

Kaelen no respondió. El peso de las miradas de sus compañeros, cargadas de burla, era una presión física, pero su atención estaba fija en el cristal de medición frente a él. Su dantian, ese vacío que Vane tanto despreciaba, no estaba vacío; estaba restringido, bloqueado por una pobreza de recursos que lo obligaba a mendigar energía. Pero hoy, Kaelen no mendigaría. Sus dedos, marcados por la cicatriz de una infancia en los niveles inferiores, se tensaron. En un movimiento imperceptible, invocó la Succión de Ambiente, una técnica prohibida que desgarraba el aura residual de la arena para forzar una ignición interna.

El aire vibró. Por un instante, el flujo de energía a su alrededor se volvió errático, una tormenta contenida en un espacio minúsculo. Kaelen golpeó la piedra de medición con la palma abierta. El cristal estalló en un fulgor violento, superando el umbral mínimo exigido por un margen tan estrecho que parecía un error del sistema. El zumbido eléctrico de la piedra dejó sorda a la multitud. Vane se tensó, sus ojos clavándose en la firma energética de Kaelen: era oscura, irregular, una anomalía que no debería existir en un estudiante de su rango. El Supervisor dio un paso al frente, invadiendo su espacio, su capa ondeando con una arrogancia gélida.

—Interesante —susurró Vane, su voz un veneno apenas audible—. Has sobrevivido a la purga, pero ahora estás en mi lista.

Kaelen no esperó. Se retiró hacia los callejones del mercado negro, sintiendo cómo el costo de la técnica prohibida le pasaba factura. Su cuerpo ardía; el "robo de excedente" no había sido un regalo, sino un préstamo usurero que sus músculos apenas podían pagar. Sus dedos, entumecidos por la sobrecarga de energía ajena, temblaban. La marca de la Academia en su antebrazo palpitaba con un tono carmesí, una advertencia de que su rango estaba bajo vigilancia estricta.

—Llegas tarde, Kaelen. Y hueles a estafa —la voz de Lira surgió de las sombras del mercado negro. Ella estaba sentada sobre una caja de suministros, contando monedas de cultivo con una destreza mecánica.

Kaelen se acercó, revelando el rastro de energía residual que aún emanaba de sus poros.

—Necesito limpiar mi rastro espiritual. Vane ya ha marcado mi nombre. Si detecta la anomalía de mi última prueba, no solo me expulsarán; me borrarán.

Lira dejó de contar, sus ojos escaneando la postura rígida del joven.

—Ese artefacto que usaste… no es una herramienta común, Kaelen. Es una reliquia de las sectas caídas. Si la Academia descubre que lo posees, Vane no será tu mayor problema. Serás carne de cañón para quienes buscan ese poder.

Kaelen apretó los dientes. El artefacto, oculto en su bolsillo, palpitaba con un ritmo errático, una sentencia de muerte que él llamaba salvación. Al regresar a los dormitorios de bajo rango, la realidad lo golpeó con la fuerza de un mazo. En el tablón oficial, su nombre figuraba en la lista de purga de Vane, la tinta mágica aún humeando. El cronómetro de la pared marcaba menos de veinte minutos para la medianoche, el momento en que el sistema de la Academia drenaría los recursos de los estudiantes no clasificados. Kaelen no huyó. Mientras el sistema comenzaba a succionar la energía del sector, él activó el artefacto, comenzando a drenar el excedente de la propia red de la Academia. Vane, desde su despacho, observaba los monitores con una sonrisa depredadora, sin notar que el "error estadístico" al que había marcado para la expulsión ya estaba infectando el sistema desde adentro.

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