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Chapter 2: Inversión de alto riesgo

Julián adquiere una técnica prohibida de alto riesgo para compensar la deuda duplicada impuesta por la Academia. Tras una confrontación pública con un rival de élite donde demuestra la eficacia de su nueva técnica, Julián atrae la atención peligrosa de la Maestra Elara mientras su cuerpo comienza a sufrir las consecuencias físicas de la inestabilidad del núcleo.

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Inversión de alto riesgo

El aire en los pasillos de la Academia de los Nueve Cielos no era solo frío; era un solvente que corroía la dignidad. Julián Varas caminaba con los nudillos blancos, apretando una ficha de crédito que, hasta hace una hora, representaba su salvación. Ahora, el brazalete en su muñeca parpadeaba con un rojo insidioso: su cuota de mantenimiento se había duplicado. El sistema no expulsaba a los débiles de inmediato; los asfixiaba con un peaje de supervivencia que consumía cualquier ganancia antes de que el usuario pudiera siquiera sentir el alivio del éxito.

—¿Doble tasa por «anomalía de flujo»? —masculló Julián, deteniéndose ante un pilar de piedra. El pasillo estaba vacío, pero sentía el peso de las cámaras de vigilancia. Su victoria en la arena no había sido un ascenso; había sido una etiqueta de precio actualizada. La Academia lo había marcado como un activo volátil, un riesgo que debía ser exprimido hasta la médula. Una vibración sorda, como el latido de un tambor metálico, resonaba bajo sus costillas. Era el rastro de la técnica prohibida que había usado en el juicio, una quemadura fría que recorría sus meridianos como mercurio sólido. Si no encontraba una forma de estabilizar ese flujo antes del anochecer, la deuda no sería su mayor problema: sería su colapso interno.

Se dirigió al mercado negro, un laberinto de alcobas tras los puestos de artefactos dañados. Mateo lo esperaba en la penumbra, jugueteando con una pieza de jade fracturado. Sus ojos, expertos en tasar desesperación, recorrieron el aura inestable de Julián.

—El precio ha subido, Varas —dijo Mateo, dejando sobre la mesa un cilindro de metal grabado con runas prohibidas—. El 'Núcleo de Compresión Inestable' no es un juguete. Si tu red de qi no es capaz de contener la sobrepresión, te convertirás en una nube de ceniza antes de que el sol toque el horizonte.

—No necesito una lección de seguridad. Necesito el multiplicador de absorción —Julián colocó su bolsa de reservas sobre la mesa, el fruto de meses de privaciones—. Es todo lo que tengo. Más mi garantía personal: si fallo en la próxima prueba de rango, mi contrato de servidumbre pasará a tu casa.

Mateo sopesó la bolsa, el metal de las monedas resonando con una frialdad definitiva. Firmó el contrato con un sello de sangre y deslizó el cilindro hacia Julián. Al inyectarse el núcleo, el dolor fue instantáneo, un desgarro violento que reconfiguró su circulación de qi. El poder era inmenso, pero el costo se hizo evidente: su piel comenzó a teñirse de un violáceo antinatural, una marca que el mercado no debería conocer.

Al salir a la plaza de entrenamiento, el aire parecía vibrar con la estática de los núcleos de los estudiantes de élite. Valerius, un cultivador de tercer año, le bloqueó el paso con sus lacayos.

—Me interesa esa técnica de absorción que usaste —dijo Valerius, activando un sello de supresión—. Esas lecturas de poder no son naturales para alguien de tu estrato.

Julián no respondió. Sintió el núcleo inestable pulsando, una caldera a punto de estallar. Con un movimiento preciso, canalizó la sobrepresión hacia su palma y golpeó el sello de Valerius. El impacto no fue una explosión de fuerza bruta, sino una disrupción técnica; el qi de Valerius se fragmentó, desestabilizado por la frecuencia prohibida de Julián. El rival retrocedió, su rostro pálido al ver cómo su propia técnica se desmoronaba ante la eficiencia brutal de un 'deudor'.

Julián se retiró antes de que la guardia interviniera, pero sabía que el daño estaba hecho. En la torre de observación, la Maestra Elara observaba el registro de energía, sus dedos tamborileando sobre el cristal. La anomalía en el flujo de Julián no era un error; era una firma que recordaba a los archivos sellados que ella misma había enterrado. Mientras Julián se desplomaba en su cámara privada, convulsionando bajo el peso de su propia ambición, comprendió la nueva realidad: su victoria lo había puesto en el radar de la antagonista principal, y la técnica que lo hacía poderoso estaba comenzando a reescribir su cuerpo de una forma que ni siquiera él podía controlar.

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