Compensación real
El sol de la mañana no trajo calma, sino una claridad implacable. Elena observaba desde el ventanal de la residencia cómo la ciudad, antes un escenario de su humillación, se transformaba en un tablero donde ella movía las piezas. Los titulares ya no hablaban de la «exesposa abandonada», sino de la «accionista que desmanteló el imperio de los Ricardo».
Julián entró sin llamar. No traía la habitual armadura de magnate, sino una quietud cargada de una tensión nueva. Dejó una carpeta de cuero sobre la mesa de cristal. El golpe seco del objeto contra la superficie fue el único sonido en la estancia.
—La junta ha aceptado tu auditoría —dijo él, observándola con una intensidad que no buscaba aprobaci
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