El precio de la protección
El mármol del vestíbulo del Grand Metropolitan se sentía como una pista de hielo bajo los tacones de Elena. A pocos metros, Marcos sostenía una copa de champán con esa arrogancia que solía usar para invalidar sus opiniones en público. Sus ojos, fijos en ella, destilaban una lástima calculada.
—Elena, querida —dijo Marcos, alzando la voz lo suficiente para que los invitados cercanos se detuvieran—, no tienes por qué estar aquí mendigando una entrada. Todos sabemos que el divorcio te dejó sin el apoyo necesario para mantener este nivel de vida.
El silencio que siguió fue una descarga eléctrica. La élite de la ciudad esperaba su caída, lista para devorar su humillación. Pero antes de que ella pudiera articular una respue
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