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Chapter 1: Deuda de Acero y Humo

Capítulo 1: Mateo 'Chatarra' Ríos enfrenta la auditoría de rango en El Yunque con su bastidor dañado y una deuda que lo tiene al borde del desguace. Activa la técnica de núcleo prohibido del artefacto oculto para completar una maniobra imposible, logra un rango mínimo que le salva la licencia por esta temporada (ganancia visible: rango 187), pero el bastidor sufre daño crítico adicional. Valeria Vane detecta la anomalía prohibida desde las gradas, estableciendo nueva presión rival.

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Deuda de Acero y Humo

El bastidor 404 no era una máquina. Era una herida que respiraba óxido y dolor. Mateo 'Chatarra' Ríos sintió el crujido en cada vértebra cuando el sistema de sincronización neuronal le clavó el primer aviso. El Yunque, el pozo de pruebas donde la deuda y la gloria quemaban el mismo combustible, lo rodeaba con sus focos de sodio que convertían la arena en un escenario sin piedad.

—Probabilidad de integridad estructural: nueve por ciento —anunció la voz sintética del auditor. El número flotó en el HUD como una sentencia de muerte—. Piloto Ríos, su deuda supera el umbral de rescate por tercera temporada consecutiva. Esta auditoría es su última oportunidad antes del cierre del escalafón. Fracase y perderá bastidor, licencia y cualquier derecho a seguir respirando dentro de la Academia.

Mateo tragó el sabor a sangre y metal. Sus manos, callosas y manchadas de grasa negra, apretaron los mandos hasta que los nudillos se volvieron blancos. A su izquierda, el bastidor plateado del favorito de la Academia relucía como un cuchillo nuevo. A sus espaldas, en las gradas VIP, Valeria Vane observaba con los brazos cruzados. No sonreía. No necesitaba hacerlo. Su mera presencia recordaba a todos que algunos nacían con titanio limpio y otros con chatarra soldada con promesas rotas.

El cronómetro del HUD marcaba 00:04. Cuatro segundos para completar el giro de posicionamiento de alto impacto, una maniobra que los bastidores de élite ejecutaban sin sudar. Para el 404, significaba romperse o morir.

—Vamos, vieja —murmuró Mateo, la voz ronca por el esfuerzo—. No me jodas ahora.

El rival se lanzó. El impacto lateral sacudió el 404 como un latigazo. Mateo sintió el dolor reflejado en la sien izquierda: el estabilizador de giro izquierdo acababa de perder otro diez por ciento. El bastidor gimió, un lamento metálico que vibró en sus huesos. La integridad cayó al seis por ciento. El sistema ya preparaba la orden de expulsión.

Entonces lo recordó. El artefacto que el Viejo Tavo le había pasado en la madrugada, envuelto en trapo sucio y con una sola advertencia: “Úsalo y te quemarás vivo, pero si no lo usas, te fundirán igual”.

Mateo rompió el sello de seguridad con el pulgar. El módulo prohibido se acopló al núcleo con un chasquido que sonó a pecado. El aire de la cabina se llenó de ozono y calor. Sus nervios gritaron cuando la sobrecarga neuronal lo atravesó como fuego líquido.

—Iniciando secuencia núcleo prohibido —susurró el sistema con voz distorsionada.

El 404 se sacudió. El giro que antes era imposible se volvió brutalmente preciso. El bastidor giró sobre su eje dañado, esquivó el golpe final del rival y contraatacó con un impacto de hombro que levantó una tormenta de polvo y fragmentos. El favorito de la Academia retrocedió, su bastidor plateado tambaleándose por primera vez en la noche.

El marcador electrónico parpadeó. Rango actualizado: 187. Apenas por encima del umbral de desguace. Suficiente para que la Academia no pudiera confiscarle el bastidor esa misma noche. Una ganancia visible, miserable, pero real. El primer peldaño que no se rompía bajo sus botas.

Sin embargo, el precio llegó de inmediato.

El núcleo prohibido rugió. Humo negro brotó de las juntas del chasis. El estabilizador de giro izquierdo se fundió con un chasquido seco. Mateo sintió el retroceso como un hierro al rojo en la columna: las piernas le temblaron dentro del traje, la visión se le tiñó de rojo en los bordes. El bastidor 404 empezó a arder desde dentro. El olor a aislante quemado llenó la cabina. Integridad estructural: tres por ciento y bajando.

Mateo se dobló sobre los mandos, jadeando. El dolor era tan intenso que casi agradeció que le recordara que seguía vivo. Había ganado tiempo. Había ganado un rango que le permitía seguir en la escalera. Pero el bastidor, su única herramienta, ahora estaba peor que antes. Menos opciones. Más riesgo. La próxima prueba sería un infierno.

A través de la mirilla empañada por el humo, vio a Valeria Vane bajar los escalones de la grada VIP. No miraba el marcador. Sus ojos, fríos y afilados como láser, estaban clavados en el núcleo humeante del 404. En la forma en que el humo dibujaba patrones que ningún bastidor legal debería producir.

Mateo supo, con la certeza del que ya ha perdido demasiado, que ella había visto lo que no debía. Y que la auditoría que acababa de sobrevivir era apenas el primer escalón de una escalera que acababa de volverse mucho más empinada.

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