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Chapter 1: La deuda de sangre en el Nivel Cero

Kaelen sobrevive a la purga del Nivel Cero utilizando una ruta oculta revelada por su Sistema Roto. Tras eliminar a los Residuos y pagar un costo físico, logra cruzar el umbral antes de que la purga selle el sector, descubriendo que la Torre es un sistema fragmentado y no una estructura fija.

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La deuda de sangre en el Nivel Cero

El aire en el Nivel Cero sabía a ozono quemado y a la desesperación de los que no tienen nombre. Kaelen se pegó a la pared de metal oxidado, sintiendo cómo el frío del sector se filtraba a través de su túnica de recolector, una prenda raída que lo marcaba como basura ante cualquier sensor de la Secta del Cenit. A su lado, un anciano de manos temblorosas apenas podía sostener su bolsa de núcleos de energía.

—El barrido llega en tres minutos —susurró el hombre, con la voz quebrada por la falta de créditos de gracia—. Si no tenemos la cuota, nos borrarán el acceso. No habrá mañana, Kaelen.

Kaelen no respondió. Sus ojos estaban fijos en la interfaz que flotaba ante él, una anomalía que había despertado tras un accidente en los túneles inferiores. Mientras el resto de la Torre mostraba prestigiosos linajes y rangos de secta, la suya destellaba en un rojo violento: [Misión de Emergencia: Limpieza de Residuos. Tiempo restante: 02:59. Recompensa: Acceso a la ruta prohibida del Sector 4].

El tictac comenzó a resonar en sus sienes. A lo lejos, el estruendo de los ejecutores del Cenit se acercaba. Eran figuras envueltas en armaduras de luz, cazadores cuya única función era limpiar la escoria que no podía pagar su derecho a existir. Los disparos de energía impactaron contra la pared, haciendo saltar esquirlas de metal fundido.

—¡Muévanse! —rugió un ejecutor.

Kaelen no corrió hacia la salida principal; corrió hacia una grieta estructural que nadie más parecía ver. Su Sistema Roto resaltaba una debilidad en la geometría de la pared, un fallo de renderizado en la realidad de la Torre. Se deslizó por la fisura justo cuando un rayo de energía desintegraba el lugar donde había estado un segundo antes.

Dentro de los conductos, el aire era denso, metálico. Kaelen se arrastró sobre sus codos, con los músculos ardiendo. Tres 'Residuos' —masas amorfas de energía estática con garras de cristal— bloqueaban el paso, emitiendo un zumbido que hacía vibrar sus dientes.

[Anomalía detectada: Vulnerabilidad en la frecuencia de resonancia del Residuo. Costo: 15% de Estabilidad Vital. ¿Ejecutar?]

Kaelen aceptó el mandato. Un dolor agudo, como si le succionaran la médula, lo golpeó. Sus manos se tensaron, imbuídas de una fuerza que no le pertenecía. Con un movimiento preciso, golpeó los puntos críticos de las criaturas. Los Residuos se desintegraron en chispas, dejando caer fragmentos de energía pura. La interfaz parpadeó, mostrando una ganancia de velocidad táctica, pero el precio fue inmediato: sus huesos crujieron bajo la nueva carga de energía y un sudor frío le empapó la frente.

Emergió en el umbral del Nivel Cero, jadeando. Allí, bloqueando el camino hacia el siguiente nivel, estaba Valeria. Impecable en sus ropas de seda reforzada, la heredera del Cenit lo observó con un desprecio que le servía de combustible.

—¿A dónde crees que vas, rata de alcantarilla? —dijo ella, su voz cortando el aire como un látigo—. La purga reclama a los inútiles. Quédate quieto.

Kaelen no respondió. Su Sistema Roto marcaba: [Misión: Superar el Umbral de Purga. Estado: Crítico. Tiempo restante: 00:05].

Valeria dio un paso adelante, lista para ejecutarlo. Kaelen se lanzó hacia una sección de la pared que, para el ojo inexperto, era sólida. El sistema le indicó el fallo de seguridad, la ruta oculta que la Torre había intentado borrar.

El temporizador marcó 00:02... 00:01.

Kaelen atravesó el umbral justo cuando el sistema de purga colapsaba sobre el sector. El tiempo se congeló. Ante él, no había una salida común, sino una nueva ruta bloqueada, un vacío en la estructura de la Torre que nadie más podía ver. El costo de la mejora le quemaba las venas, un drenaje físico que lo obligaba a arrodillarse, pero mientras la barrera del nivel se disolvía, Kaelen comprendió la verdad: la Torre no era un muro, era un rompecabezas, y él acababa de encontrar la primera pieza.

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