Ascenso Forzado
El aire en el Nivel 3 no era oxígeno; era una mezcla corrosiva de ozono y partículas metálicas que el sistema de filtración de mi chasis apenas lograba procesar. El indicador de integridad estructural parpadeaba en un rojo agónico: 48%. Cada vez que el motor de empuje vibraba para corregir mi trayectoria entre las torres de refinamiento, el metal de la pierna izquierda gemía con un chirrido agudo, una nota de dolor que resonaba directamente en mis dientes.
—Kaelen, si no ajustas el flujo del núcleo, la sobrepresión va a partirte en dos antes de que veas el amanecer —la voz de Valeria chisporroteaba en el canal privado, distorsionada por la interferencia de la purga que Vane había desatado sobre el sector.
—No tengo margen para ajustes, Val —respondí, cerrando el puño del mecha con fuerza. El indicador de deuda familiar, proyectado en la esquina superior de mi HUD, se actualizó con un tono gélido: 23:42:10 restantes para la cuota. Estaba vivo, era el 'Piloto 999', pero la gloria pública tenía un peso físico que amenazaba con aplastarme. De repente, el horizonte de neón se iluminó con un pulso violento. Drones de élite, con el sello dorado del comando de Vane, descendieron sobre el sector industrial como buitres mecánicos. Su escaneo de frecuencia era implacable, barriendo los callejones abandonados donde me ocultaba.
Me desplacé hacia un túnel de ventilación colapsado, un refugio de chatarra donde las firmas térmicas del mecha podían esconderse entre el calor residual de los viejos generadores. El Chatarrero se arrastró, quejándose con un chirrido agónico a cada movimiento. La integridad estructural del chasis seguía cayendo: 47%.
—Si no estabilizas ese núcleo ahora, la sobrecarga te hará pedazos antes de que Vane te encuentre —insistió Valeria—. No tengo piezas de repuesto. Si gasto los créditos de la cuota en un estabilizador, mi familia estará en la calle al amanecer.
—Si mueres aquí, no habrá ni familia ni deuda —sentenció ella. La lógica era brutal, pero irrefutable. Con un gruñido de frustración, activé la transferencia de fondos. Los créditos destinados a la supervivencia de mis padres fluyeron hacia el sistema de diagnóstico, comprando una pieza de estabilización de grado militar. El sistema emitió un tono de confirmación: Integridad estabilizada al 52%. Mejora de movilidad añadida: Empuje vectorizado de corto alcance. Había pagado el precio, pero el cronómetro de la deuda parpadeaba ahora con una urgencia asesina.
Al instalar el estabilizador, el núcleo robado reaccionó con la interfaz, forzando una conexión neuronal. No fue una descarga de datos, sino una visión: mi mentor, años atrás, frente a una consola de la Torre, descubriendo el horror. La Torre no era un motor de ascenso social; era un parásito que drenaba la vida útil de los pilotos para alimentar la longevidad de los niveles superiores. La revelación me golpeó como un impacto cinético. El sistema mentía.
Antes de que pudiera procesar la traición, una alarma roja inundó el tablero. Vane había triangulado mi posición. Un misil de fragmentación impactó a escasos metros, haciendo temblar el túnel. Utilicé el nuevo empuje vectorizado para esquivar la onda expansiva, pero el esfuerzo fue demasiado. El chasis, ya debilitado, emitió un crujido sordo y una grieta se abrió en la placa pectoral, exponiendo el cableado interno. El sistema, frío y calculador, proyectó una nueva demanda en mi visor: Integridad crítica. Se requiere sacrificio de combustible para mantener la presión atmosférica del Nivel 3. ¿Deseas purgar el sistema de soporte vital para mantener la operatividad del motor?