Novel

Chapter 1: Deuda de Sangre y Neón

Kaelen, un chatarrero bajo amenaza de ejecución de deuda, utiliza una falla del sistema para reparar el mecha de su mentor en tiempo récord. Su éxito lo expone públicamente en el ranking de la Torre, atrayendo la atención hostil del Comandante Vane, mientras el sistema le impone una nueva cuota de deuda en 24 horas.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

Deuda de Sangre y Neón

El cronómetro retinal de Kaelen emitía un zumbido eléctrico, una vibración que le taladraba el cráneo: 00:14:22. Catorce minutos para que la deuda familiar pasara de 'pendiente' a 'ejecución de activos'. Si el núcleo del viejo mecha de su mentor no se estabilizaba, los recolectores de la Corporación no solo se llevarían la máquina; le arrancarían el permiso de residencia, enviándolo a los niveles inferiores donde el aire era veneno y la esperanza una moneda inexistente.

—Muévete, chatarra —escupió el Supervisor Vane, golpeando con su bota reforzada el chasis oxidado. El estruendo resonó en el hangar, atrayendo las miradas burlonas de otros pilotos. Vane lucía un uniforme impecable, un contraste insultante con la grasa y el hollín que cubrían a Kaelen—. A este ritmo, tu familia estará durmiendo en las tuberías mañana mismo. ¿Es ese el legado de tu mentor? ¿Un montón de metal inservible?

Kaelen apretó los dientes, sintiendo el calor del núcleo sobrecargado quemándole las palmas a través de los guantes. Su dignidad ardía tanto como el motor. El sistema de diagnóstico del mecha, un software arcaico, le devolvía un error constante: Falla de sincronía crítica. Pero entonces, el parpadeo del neón de la torre, que siempre iluminaba el desguace con un tono enfermizo, se distorsionó. Ante sus ojos, una interfaz secundaria —invisible para el resto— se desplegó como una grieta en la realidad.

El aire dentro de la cabina se volvió asfixiante, cargado de ozono y sudor frío. Kaelen ignoró el temblor de sus manos y conectó el cable de interfaz neuronal directamente al puerto de diagnóstico. El sistema de la Torre, esa red de algoritmos implacables que controlaba cada gramo de energía en el Sector 4, detectó el acceso no autorizado.

—Alerta: Intrusión detectada. Sincronización inestable —la voz sintética resonó en su mente, fría y desprovista de humanidad.

Kaelen no retrocedió. En su visión, el sistema comenzó a filtrar una serie de líneas de código corrupto, una ruta de acceso que ningún otro chatarrero podía ver. Era una falla, un fragmento de memoria de la Torre que se negaba a ser borrado. En lugar de los parámetros estándar, la interfaz le mostró una red de venas energéticas sobrecargadas. Si no lograba estabilizar la salida de energía en menos de tres minutos, el mecha sería confiscado. Kaelen forzó la sincronización, sintiendo cómo el metal del mecha se convertía en una extensión de su propio sistema nervioso. El dolor fue agudo, un precio inmediato por el acceso, pero el núcleo respondió. Con un rugido gutural, el motor se estabilizó al 85% de eficiencia.

Al salir de la cabina, el silencio en el hangar era absoluto. Vane se detuvo, con la expresión desencajada al ver el indicador de potencia del mecha brillando en un verde estable y desafiante. Kaelen no esperó; se retiró hacia la Plaza del Sector 4, con el corazón martilleando contra sus costillas.

La pantalla principal de la Torre, un monolito de cristal negro que dominaba el horizonte, actualizó su lista de rendimiento diario. El nombre «Kaelen - Rango 842» apareció de repente, brillando con una estridencia dorada que atrajo miradas hostiles. Sus pulmones se contrajeron. El sistema no solo había registrado su reparación; lo había expuesto como una anomalía que acababa de superar una cuota imposible.

—¿Un chatarrero de nivel bajo subiendo mil posiciones en una hora? —una voz grave cortó el murmullo de la multitud—. Eso no es suerte, es una falla en el código. Y las fallas se eliminan.

El Comandante Vane estaba a menos de diez metros, flanqueado por dos guardias de la élite. Vane ajustó su guante táctico y clavó sus ojos gélidos en la espalda de Kaelen.

—No te muevas, basura —sentenció Vane.

En ese instante, el sistema parpadeó en rojo ante los ojos de Kaelen: «Deuda parcialmente saldada. Siguiente cuota: 24 horas». La pantalla de la plaza pública mostró su nombre en el ranking, y los ojos de Vane, hambrientos de control, se fijaron en él. Kaelen comprendió que la Torre le había abierto una ruta, pero el precio era una guerra abierta contra la élite.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced