Ascenso al vacío
Julián Varga se aferró al borde de la Torre con dedos que ya no sentían el frío, solo la vibración metálica de una estructura que intentaba expulsarlo. Vitalidad efectiva: 0.87 %. El contador en su visión era un metrónomo de agonía. Treinta y siete horas y doce minutos de ventana de rastreo en el sector prohibido 9-C. Al otro lado de la compuerta sellada, los tableros de la Academia debían estar escupiendo su nombre en letras rojas: Fugitivo – Prioridad máxima de eliminación. Abajo, el viento arrastraba el eco de sirenas y botas blindadas. Valeria no se detendría.
Trepar por el exterior era la única ruta que el sistema roto le había marcado en gris desvaído. Nadie más la veía. Cada metro ganado le costaba un decimal de vida. Un sensor giró con un zumbido seco. Julián activó [Escudo Fantasma Nivel 1]. Su cuerpo se volvió translúcido; el haz rojo lo atravesó. Subió tres metros con [Fuerza Sobrecargada]. Los músculos protestaron, pero el sistema no negociaba: cada gramo de poder era un préstamo con intereses de sangre.
Tres drones guardianes emergieron de las grietas superiores. Julián se pegó a la pared curva, el metal quemándole la piel.
—Vamos —masculló.
Activó [Impulso Temporal Nivel 2]. El mundo se volvió viscoso. Lanzó [Garra Etérea] contra el líder; la mano espectral atravesó el blindaje y arrancó el núcleo en un estallido azul. Los otros dos drones giraron, disparando. Julián rodó sobre el saliente, esquivando un rayo que le chamuscó el hombro. Vitalidad: 0.79 %. Se impulsó con rabia, golpeando al último dron con ambos puños. El impacto resonó como un gong. Silencio absoluto.
La interfaz sangró luz azulada sobre las paredes corroídas.
Oferta prioritaria – Protocolo de ruptura fase II Costo: Transferencia total de humanidad residual (97.4 %) Recompensa: Ascenso administrativo nivel 4 – Acceso root parcial Tiempo: 3:17…
Julián miró su silueta tridimensional en la interfaz: órganos y recuerdos parpadeando en rojo. Aceptar significaba convertirse en una extensión de la Torre. Rechazar significaba morir en 36 horas. Detrás, el zumbido de los perseguidores se intensificaba. Valeria había encontrado la fisura.
Entonces, una segunda oferta parpadeó.
Oferta 2 – Fragmento de soberanía parcial Costo: Sacrificio de linaje – borrado de vínculos sanguíneos.
Julián recordó la mano de su hermana aferrándose a la suya antes de la evacuación. No. Ni máquina, ni huérfano.
—No me vendo —gruñó.
En gris desvaído, una tercera opción apareció.
Opción no autorizada – Ruta de rechazo parcial Requisito: Fragmento de memoria huérfano (7-B) asimilado Costo: Drenaje acelerado – colapso en 41 minutos Recompensa: Acceso condicionado al núcleo 9-C Probabilidad: 14 %
Catorce por ciento. Julián aceptó. El drenaje lo golpeó como un mazo; su vitalidad cayó a 0.41 %. La visión se nubló, pero una pasarela gris se solidificó ante él. Subió tambaleándose hasta un pedestal de obsidiana. Insertó el fragmento. La pieza vibró contra su palma.
—Protocolo de ruptura confirmado —susurró el sistema—. Ancla aceptada.
Un torrente de datos crudos le atravesó el cráneo: la Torre siendo construida, rostros de arquitectos olvidados, una voz antigua: “Que sea quebrada por quien no teme perderlo todo”.
Interfaz administrativa parcial – Nivel 9-C activada Usuario: Ancla no autorizada Control: segmentación 9 al 13
Julián cayó de rodillas. Vitalidad: 0.08 %. El mundo giraba, pero por primera vez, el tablero se doblaba bajo su mano. Valeria estaría mirando los tableros, viendo su nombre subir mientras la ruta se cerraba. La élite vendría. El Mentor cobraría su deuda. Pero Julián tenía el control. Treinta y seis horas para decidir cómo quemar el sistema desde dentro.