La silla vacía
Mateo regresa para vender la casa de su tío, pero es forzado por Tía Elena a asumir la presidencia de la asociación vecinal. Al intentar desentenderse, descubre en la sede que la propiedad es el eje de una deuda comunitaria. Finalmente, al revisar un libro de contabilidad oculto, descubre que su familia no es dueña de la casa, sino un garante de una red de lavado de dinero orquestada por Julián, dejándolo atrapado en un conflicto que no puede abandonar.