The Missing Ledger
Lina llega a la casa-taller y descubre la marca oficial de venta en la fachada, con Tomás Brizuela detrás de la presión. Doña Elvira y Vera revelan que el peligro es más que económico: la casa sostiene una red migrante discreta y el plazo de cuatro días amenaza nombres, refugio y pertenencia. Doña Elvira le entrega a Lina la llave del taller, dejándola como la única capaz —aunque no la deseada— de sostener la carga. La escena cierra con Lina hallando un libro de cuentas escondido y un nombre tachado que la conecta con su madre y su abuelo, abriendo la capa de deuda heredada. Tomás Brizuela llega con papeles limpios y confirma que la casa-taller entra en venta en cuatro días. Lina exige ver el expediente, descubre que la notificación incluye anexos y desocupación de espacios que funcionan como archivo y refugio, y ve que la han dejado como responsable de custodia. La escena termina con el sobre de notificación y la sensación de que ya no puede seguir afuera. Lina sigue una corazonada al cuarto de herramientas y encuentra un libro de cuentas oculto bajo tela y grasa. Doña Elvira admite que la venta en cuatro días no es solo una amenaza económica, sino parte de una red de personas protegidas por la casa-taller. Lina descubre un nombre tachado que la devuelve a su madre y a su abuelo, y comprende que la obligación dejada para ella no es dinero: es sostener el archivo y la red cuando la venta la vuelva vulnerable.