Chapter 12
Tomás avanzó por el pasillo del archivo con la llave secundaria todavía caliente en la palma. Los fluorescentes zumbaban sobre la puerta azul, ahora custodiada por dos supervisores y un empleado que evitaba mirarlo directamente. Gabriela estaba de pie junto a la caja de traslado, con los brazos cruzados y esa media sonrisa que usaba cuando ya había ganado la partida antes de jugarla.
—Nadie pasa —dijo el supervisor más alto, sin moverse un centímetro. Tomás se detuvo. No levantó la voz. —Solo necesito constatar el registro de ingreso de la caja azul. El empleado tragó saliva y miró a Gabriela. Ella asintió apenas. El hombre puso la hoja sobre la mesa auxiliar con dedos temblorosos. Tomás la recorrió en tres segundos. —Aquí dice que la caja fue movida a las 9:17. Credencial interna. Alguien la sacó y la devolvió en menos de veinte minutos. Gabriela perdió la curva de los labios. —Eso no prueba nada —dijo, pero su voz salió más delgada de lo habitual. Tomás alzó la hoja. —Prueba que alguien con acceso autorizado la manipuló después de que Don Esteban ordenara el cierre total. Desde el fondo del pasillo llegó la voz lenta y pesada de Don Esteban. —Nadie le entregue un solo papel más a ese hombre. Antes de que empiece la junta de adjudicación, el original del expediente matriz aparece en esta mesa… o termina todo: el matrimonio, el apellido que lleva, cualquier derecho que crea tener sobre esta casa o sobre lo que queda de la empresa. El silencio cayó como plomo. Mariana, un paso atrás de su abuelo, apretó los dedos contra el borde de su chaqueta. Tomás sostuvo la mirada de Don Esteban sin parpadear. No discutió. No pidió. Solo dobló la hoja con cuidado y la guardó en el bolsillo interior.
Mariana lo alcanzó en el corredor de servicio, donde el vidrio esmerilado difuminaba las voces del archivo. No había nadie más. Solo ellos dos y el eco de pasos lejanos. —Tomás. Él se detuvo pero no se giró del todo. —Si vienes a pedirme que entregue la copia, ya no hay tiempo. Ella respiró hondo, como si le doliera el aire. —Mi abuelo cree que ya te quebró. Y Gabriela… si ve esa hoja antes que tú, la va a destruir. Mi nombre ya está atado al expediente de convivencia. Si esto explota en la junta, no solo te hunden a ti. Tomás sacó l
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