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Chapter 6: El archivo que nadie quiere que vea la luz

Isabela, empapada por la lluvia, accede a un servidor olvidado en un barrio marginal y descubre videos sin editar que muestran la ceremonia real vinculada al relicario, revelando que este es la llave literal para abrir el archivo completo del soborno. Dos atacantes intentan detenerla, pero Martín Salcedo aparece inesperadamente y la salva, forzando una alianza incómoda. El intento de asesinato confirma que el peligro es inminente y la cuenta regresiva se reduce a cuatro días.

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El archivo que nadie quiere que vea la luz

La lluvia no daba tregua aquella noche en el barrio marginal. Isabela Cruz, empapada hasta los huesos, se movía con determinación bajo el aguacero, consciente de que cada segundo perdía terreno en la cuenta regresiva que la acechaba. Cuatro días quedaban antes de que el relicario fuera entregado al museo y el archivo que contenía se sellara para siempre. La vieja estructura de concreto, abandonada y olvidada, se alzaba entre la humedad y la oscuridad, un mausoleo tecnológico que guardaba la última esperanza para desentrañar la verdad.

Con mano firme, Isabela forzó la puerta corroída que cedió con un chirrido que amenazaba con delatarla. En el interior, la luz mortecina de un monitor verde parpadeaba entre sombras, mientras el aire olía a humedad y cables viejos. El teclado sin letras y los ventiladores luchando por mantenerse vivos eran testigos mudos del tiempo detenido. Con rapidez, conectó su dispositivo y comenzó a navegar el sistema arcaico, su mente clavada en el tic-tac implacable del reloj.

De pronto, apareció un archivo oculto: "Ceremonia_4782-19_original". El corazón de Isabela se aceleró; era la grabación sin editar que nadie quería que viera la luz, el archivo prohibido que contenía la ceremonia real que el relicario ocultaba. Aquella evidencia no solo confirmaba sospechas, sino que abría un abismo de secretos y riesgos.

Mientras descargaba el archivo, los primeros fotogramas revelaron rostros encapuchados, túnicas carmesí y símbolos tallados en maderas antiguas. Aquello derribaba la versión oficial y exponía un pacto sellado con sobornos y silencios. La cuenta 4782-19, vinculada al relicario, aparecía en un documento dentro del video, confirmando que ese objeto no era un simple amuleto, sino la llave literal para abrir un archivo mucho más profundo.

Un ruido seco la hizo girar bruscamente. Dos figuras emergieron de la lluvia, sombras firmes y amenazantes. El peligro se materializaba en pasos pesados que comprimían el aire. Isabela sintió la traición en cada músculo, agarró el relicario con fuerza y retrocedió. El primer atacante lanzó un golpe brutal que ella bloqueó con rapidez, desviando la fuerza hacia una pared agrietada. El segundo se abalanzó, y el choque resonó en el espacio vacío. Con determinación, Isabela usó la palma abierta para golpear y crear distancia, esquivando a duras penas.

La amenaza era clara y mortal. Pero justo cuando la tensión alcanzó su punto máximo, una voz firme rompió el caos.

—¿Creíste que te dejaría sola en esto? —dijo Martín Salcedo, emergiendo de la oscuridad con paso decidido.

Su aparición fue un torbellino que dispersó a los atacantes bajo la lluvia torrencial. Sin tiempo para explicaciones, Martín tomó del brazo a Isabela y la arrastró hacia las calles resbaladizas y empedradas, dejando atrás el edificio y el peligro inmediato.

La alianza entre ellos, antes marcada por la rivalidad y la desconfianza, se forjaba ahora en la urgencia y el peligro compartido. Martín no ocultaba sus motivos, pero Isabela sabía que en ese juego nada era gratuito.

Mientras corrían, la cuenta regresiva se acortaba: solo cuatro días para revelar la verdad antes de que el relicario y su secreto quedaran sellados para siempre.

La tormenta no solo empapaba sus cuerpos, sino que lavaba las últimas certezas. En medio del estrépito de la lluvia y la ciudad, Isabela sintió cómo el peso del relicario se volvía insoportable, no solo por lo que guardaba, sino por lo que representaba: la llave literal del archivo completo… y alguien acababa de intentar matarla por él.

El reloj apretaba, y la verdad se volvía un peligro tangible que exigía respuestas rápidas y alianzas incómodas. Mientras las luces de la ciudad brillaban difusas bajo la tormenta, Isabela y Martín se adentraron en la noche, conscientes de que cada paso podría ser una trampa y que la cuenta regresiva marcaba no solo el tiempo, sino la línea entre la vida y la muerte.

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