El feed permanente
El aire en el pasillo de servicio de Spectra-Live era una sopa espesa de ozono, polvo de hormigón y el olor metálico a cables fundiéndose. Elena corrió, con sus pasos resonando como disparos contra el metal de las paredes. Arriba, el sistema de ventilación rugía en un estertor final, soltando láminas de acero que cortaban el aire como guillotinas. Las luces estroboscópicas, ahora desquiciadas, disparaban destellos violetas que convertían la realidad en una secuencia de fotogramas inconexos y violentos.
«Lo hiciste, Elena. Ahora paga», siseó para sí misma, ignorando el ardor en
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