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Chapter 7: Sombras en el mercado de rampas

Ivo intenta vender recursos en el mercado de rampas, pero es emboscado por los hombres de Caín Soria, quienes han bloqueado el flujo comercial. Tras una huida desesperada usando una 'Ruptura de Ley' que le cuesta salud, Ivo descubre en los archivos de la Torre que es clasificado como una 'actualización prohibida', elevando la tensión sistémica a un nivel crítico.

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Sombras en el mercado de rampas

El aire en el Mercado de Rampas del nivel medio sabía a cobre y aceite quemado, un hedor que Ivo Roldán conocía demasiado bien. Apenas cruzó el arco de acceso, su muñeca vibró con una insistencia gélida. El cronómetro proyectado en su retina marcaba tres horas y treinta y ocho minutos para la liquidación de la deuda. Si no vendía el alijo de componentes extraídos del Sector 4 antes de ese segundo, su estatus de 'Ascendente' sería revocado y su acceso, bloqueado permanentemente.

—No te detengas, Ivo —susurró Mara a su lado, sin mirarlo. Sus ojos escaneaban los puestos con una precisión depredadora—. Hay tres marcadores de la Custodia en el perímetro superior, pero no son ellos quienes nos vigilan. Es la gente de Soria.

Ivo ajustó la cincha de la bolsa, sintiendo el peso muerto de los componentes. El mercado, que normalmente hervía en una actividad frenética, estaba inusualmente organizado. Los mercaderes habituales habían desaparecido, reemplazados por figuras impasibles que ignoraban sus mercancías para observar el paso de Ivo. No era un mercado; era una vitrina de caza. Al llegar al puesto central, un hombre con la librea de la casa Soria bloqueó el paso. Su rostro era una máscara de cortesía vacía.

—El peaje de entrada al sector comercial ha subido, Roldán —dijo el hombre, extendiendo una mano cubierta por un guante de cuero reforzado—. Caín Soria tiene el control del flujo de suministros hoy. Si quieres vender, primero debes pagar el derecho de piso. Un 40% de tu carga.

Ivo miró a Mara. Ella le devolvió una mirada gélida. Entendió el movimiento: el bloqueo no era improvisado. Caín estaba estrangulando su liquidez, asegurándose de que, incluso si Ivo lograba pagar su deuda sistémica, quedara sin recursos para escalar al siguiente nivel. Era una asfixia económica diseñada para humillarlo frente a la audiencia del mercado.

—No hay peajes en la ley de la Torre para los Ascendentes de nivel cuatro —respondió Ivo, su voz firme, aunque el sudor frío le bajaba por la columna.

—La ley de la Torre es lo que Soria decide que sea en este sector —replicó el hombre, mientras dos matones más cerraban el círculo detrás de ellos. La trampa se cerraba; las compuertas de salida estaban bloqueadas por personal de seguridad privada.

—Mara, ahora —ordenó Ivo.

Mara no dudó. Lanzó una granada de estática al suelo, provocando un cortocircuito en los paneles de iluminación del mercado. En la oscuridad súbita, tiró de Ivo hacia un callejón lateral, una ruta de servicio que solo alguien nacido en los niveles bajos podría identificar. Se deslizaron por una rendija metálica, sintiendo cómo el metal oxidado les desgarraba la ropa. A sus espaldas, los gritos de los cobradores de Caín rebotaban en los conductos de ventilación.

—El mercado es una ratonera —siseó Mara, sus manos moviéndose sobre un panel de control arcaico—. Pero hay un problema. Esta compuerta de servicio está conectada a la memoria de la torre. Para abrirla sin activar la alarma de la Custodia, necesitas una llave de acceso. Y la única que tenemos es el fragmento que obtuviste en el Sector 4.

Ivo dudó un segundo. Usar el fragmento ahora significaba exponer su firma técnica, la misma que la Custodia ya estaba rastreando. Pero no había otra opción. Al tocar el panel, el sistema le exigió un pago: una descarga de energía que le recorrió el sistema nervioso, dejándolo sin aliento. El dolor fue agudo, un precio físico por la libertad. La compuerta se abrió, pero el costo quedó grabado en su HUD: su salud había disminuido un 15%.

Salieron a un corredor técnico que daba al ascensor de juramento. Allí, la presión cambió. Ya no eran solo los hombres de Soria; era la Custodia. Ivo vio los archivos del nivel medio proyectándose en su visión periférica mientras forzaba el sistema del ascensor. Lo que vio lo heló: los registros mostraban que la Custodia no estaba intentando detenerlo por un crimen común. La Torre lo trataba como una anomalía, una 'actualización prohibida' que debía ser purgada.

—Prepárate, Mara —dijo Ivo, sintiendo el dolor de la sobrecarga al invadir los archivos técnicos—. Voy a romper la lógica del juramento.

Con un movimiento seco, Ivo clavó sus dedos en la consola. El ascensor de juramento, un símbolo de clase reservado para la élite, comenzó a chirriar. Ivo sobrecargó los solenoides, convirtiendo el ascensor en una distracción masiva. El mecanismo explotó en una lluvia de chispas, obligando a los guardias de la Custodia a intervenir en el sector para contener el daño sistémico. En el caos, Ivo y Mara se escabulleron hacia la salida, dejando atrás parte de los recursos, pero salvando su libertad.

Ivo salió al corredor principal, jadeando. Había perdido la mitad de su carga, pero el nombre de 'Roldán' seguía subiendo en el ranking público. Caín Soria controlaba los flujos, pero Ivo acababa de demostrar que la Torre misma era su arma. Mientras el mercado se cerraba tras ellos, Ivo comprendió la verdad: la Custodia estaba rota, y él era la única falla que la Torre no sabía cómo corregir.

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