Novel

Chapter 3: El costo de la lealtad

Elena accede al despacho de Julián y descubre que la deuda de su padre es parte de una conspiración de Marcus Thorne. Julián la descubre in fraganti justo cuando una filtración sobre la verdadera heredera amenaza con destruir su farsa. La tensión escala al máximo ante la inminente reunión del consejo.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

El costo de la lealtad

El silencio en el ático de Julián Varela no era una ausencia de ruido; era una presión atmosférica que se asentaba sobre los pulmones de Elena. Habían pasado seis horas desde que el último flash de la gala se extinguiera, pero la tensión en la estancia era más eléctrica que la de cualquier alfombra roja. Julián se sirvió un whisky, el tintineo del hielo contra el cristal resonando como un disparo en la sala de estar. No la miró, ni siquiera cuando dejó el vaso sobre la mesa de mármol con una precisión quirúrgica.

—El consejo está satisfecho —dijo él, su voz careciendo de cualquier rastro de calidez—. Tu actuación de 'esposa devota' ha calmado a los inversores. Por ahora.

Elena se mantuvo firme, con las manos entrelazadas tras la espalda para ocultar el ligero temblor que la adrenalina le había dejado. Se acercó a la mesa, ignorando la frialdad que emanaba de él como una barrera física.

—Mi actuación no ha sido una actuación, Julián. He salvado tu reputación, y por extensión, la de tu empresa. Es hora de que hablemos de mi padre. Su libertad no puede seguir siendo una moneda de cambio sujeta a mis apariciones públicas.

Julián se giró finalmente, sus ojos oscuros recorriéndola con una intensidad que no era admiración, sino una evaluación constante de activos. Se acercó a ella, invadiendo su espacio personal hasta que el aroma a sándalo y poder de él la envolvió.

—Tu padre es un hombre que cometió un error de cálculo, Elena. Yo solo estoy corrigiendo la contabilidad. Pero ya que has demostrado ser más que un simple activo decorativo, te concederé un gesto de buena voluntad: acceso limitado a la biblioteca privada. Quizás encuentres algo que te ayude a comprender la magnitud de la deuda que intentas pagar.

El despacho de Julián no olía a papel ni a cuero, sino a una frialdad aséptica. Elena entró con la precisión de un ladrón que conoce el valor de su botín. Sus dedos, aún tensos, recorrieron el borde del escritorio de obsidiana. Sabía que el tiempo era un lujo que no poseía; si no encontraba la prueba de la maniobra de Marcus Thorne antes del amanecer, su padre sería el chivo expiatorio de un fraude que él ni siquiera había concebido.

Conectó la unidad de almacenamiento que había sustraído de la caja fuerte de seguridad. El sistema, imponente y paranoico, comenzó a parpadear. Al descifrar la tercera capa de seguridad, los archivos de las Islas Caimán se desplegaron ante ella como un mapa de traiciones. La deuda de su padre no era un error administrativo; era una pieza de ajedrez diseñada por Marcus Thorne para desestabilizar a Julián desde dentro.

De repente, una vibración seca sobre el escritorio rompió el aire estancado. Su teléfono. Una notificación de alerta de prensa parpadeaba en la pantalla: «¿Quién es la verdadera heredera? Filtran fotos de la desaparición de Victoria Varela en el extranjero». La imagen era borrosa, pero inconfundible. La impostura estaba a punto de colapsar.

La puerta se abrió con un chasquido metálico. La presencia de Julián llenó el despacho al instante, desplazando el aire. No gritó. Se detuvo a pocos pasos, sus ojos recorriendo primero el documento en las manos de ella y luego el teléfono encendido sobre la mesa. Su expresión era ilegible, una máscara de acero que ocultaba una tormenta.

—¿Buscabas esto, o buscabas una salida? —preguntó él, su voz siendo un filo que cortó el aire entre ambos.

Elena apretó el documento contra su pecho, sintiendo el peso de la trampa cerrándose a su alrededor. Julián no la expulsó; en su lugar, se acercó, obligándola a retroceder hasta que sus hombros chocaron contra la estantería. Él apoyó una mano a cada lado de su cabeza, atrapándola en un espacio donde el oxígeno empezaba a escasear.

—La prensa ya tiene el rastro, Elena. El consejo convocará una reunión de emergencia al amanecer —dijo él, bajando la voz hasta un susurro peligroso—. La pregunta no es si nos descubrirán, sino cuánto estás dispuesta a perder para mantener esta mentira en pie. Dime, ¿cómo vas a arreglar este desastre?

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced