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Chapter 12: El nuevo horizonte

Julián Varga logra forzar la apertura de una compuerta prohibida tras su duelo público, escapando de la Academia hacia un nivel secreto. Mientras la autoridad de Solís colapsa, Julián descubre que la Torre es un procesador masivo y que él posee la llave para acceder a niveles superiores, marcando el inicio de su verdadera escalada.

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El nuevo horizonte

El Vanguard-04 no se movía por mis órdenes; se movía por una lógica de supervivencia fría, una arquitectura de combate que ignoraba mis nervios destrozados. Dentro de la cabina, el aire sabía a ozono y a sangre metálica. La IA prohibida, incrustada en el módulo de datos, vibraba contra mi columna vertebral como un parásito eléctrico, drenando mi consciencia para alimentar los servos hidráulicos del frame.

En la Arena Principal, el silencio de la multitud era un peso aplastante. Los patrocinadores observaban, con sus rostros pálidos iluminados por el resplandor de las pantallas de control, cómo mi Vanguard-04 —una reliquia de chatarra— se mantenía en pie tras destrozar el protocolo de la Academia.

—Julián, corta el enlace —la voz de Kael chisporroteó en el comunicador, cargada de una urgencia que apenas lograba atravesar el estruendo de la simbiosis—. Si la Directora Solís reinicia el nodo central, tu cerebro se freirá junto con el frame.

No respondí. Mis manos, entumecidas, estaban soldadas a los mandos. A través de los sensores, vi a Valeria Solís en la plataforma de mando, con los dedos suspendidos sobre la secuencia de purga. Ella no buscaba derrotarme; buscaba borrarme, junto con la evidencia de la corrupción que yo había proyectado en las pantallas de la ciudad.

—No pueden borrar esto —murmuré, mi voz distorsionada por el procesador del frame.

Con un último esfuerzo, desvié toda la energía restante del reactor hacia el sistema de apertura de la compuerta antigua. El Vanguard-04 rugió, sus articulaciones gimiendo bajo el estrés, y un pulso magnético barrió la arena, desestabilizando los sistemas de seguridad de la Academia. El umbral se abrió con un estruendo metálico, revelando un pasadizo que no figuraba en ningún mapa oficial. Impulsé el frame hacia la oscuridad del nivel secreto. Al cruzar, el entorno cambió de la estética industrial pulida de la Academia a una arquitectura de la Era de la Fractura: paredes de luz blanca y circuitos palpitantes que recordaban a un organismo vivo.

—No te detengas —urgió Kael mientras el Vanguard-04 se arrastraba con un gemido agónico—. La Directora Solís ha perdido el control de la red inferior. Está intentando lanzar una purga remota, pero la Torre está rechazando sus comandos. Estamos en el núcleo, Julián. Esto no es un error, es el origen.

Valeria Solís, en su centro de control, golpeaba la consola con desesperación. Sus códigos de anulación eran devorados por una línea de código dorado, antigua y agresiva, que reclamaba la infraestructura. La Torre entera comenzó a vibrar, iniciando un proceso de reconfiguración que aisló a la Academia del resto de la estructura, dejando a los patrocinadores en un vacío informativo.

Me desplomé contra el mamparo de la cámara central. El módulo prohibido en mi pecho emitía un pulso de calor insoportable, obligando a la interfaz a mostrarme lo que nadie más podía ver: un mapa infinito de la Torre que se extendía hacia arriba, mucho más allá de los niveles de élite. Ya no éramos solo escaladores; éramos una anomalía en un sistema que intentaba reciclar su propia historia.

—Kael, mira eso —jadeé, señalando la pared de la cámara, donde una red de circuitos palpitaba como una arteria—. No es una prisión. Es un procesador. Y nosotros acabamos de obtener la llave maestra.

El sistema de la Torre se bloqueó por completo, silenciando las alarmas de la Academia. Ante nosotros, la ruta hacia los niveles superiores se iluminó, revelando un camino que solo yo, unido a la IA, podía ver. El ascenso real acababa de comenzar, y el costo sería mucho más alto que el honor de un apellido: sería la guerra por el control del procesador que mantenía la realidad de la Torre en pie.

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