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Chapter 1: Chatarra en llamas, futuro en deuda

Julián Varga sobrevive a un Juicio de Mech humillante al integrar un módulo de datos prohibido en su frame familiar, logrando una victoria técnica imposible. Sin embargo, su éxito atrae la atención inmediata de la Directora Solís, quien ordena una auditoría sorpresa, preparando el terreno para un conflicto de alto riesgo.

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Chatarra en llamas, futuro en deuda

El indicador de temperatura del Vanguard-04 parpadeaba en un rojo agónico. Cada vibración del motor, un quejido metálico que recorría la columna vertebral de Julián Varga, le recordaba que su reliquia familiar estaba a segundos de convertirse en un ataúd de metal fundido. Frente a él, la arena de la Academia de la Torre no era un campo de pruebas; era un cadalso público.

—Varga, tu unidad es una ofensa para los estándares de clase A —la voz de Valeria Solís resonó por los altavoces, fría y quirúrgica—. Si el Vanguard no registra un impacto en el objetivo en los próximos sesenta segundos, procederemos a la confiscación inmediata. La chatarra no tiene lugar en nuestra jerarquía.

Julián ignoró el insulto, aunque el ardor en su pecho era real. Su mirada estaba clavada en la silueta del mech de combate de la Academia, una máquina de última generación que se movía con una fluidez insultante. El Vanguard-04 gimió; una articulación de la rodilla derecha se bloqueó y el sistema de refrigeración soltó un silbido de vapor tóxico. Estaba perdiendo presión hidráulica. Si el frame era confiscado, su licencia de escalador sería revocada y su apellido quedaría marcado como un fracaso definitivo en los registros de la Torre.

—No hoy —masculló Julián. Con un movimiento brusco, desvió la energía de los estabilizadores hacia los propulsores de emergencia, una maniobra suicida que sobrecargó los circuitos de potencia.

El frame se desplomó contra el suelo de la arena, levantando una nube de polvo metálico. Los drones de recuperación de la Academia zumbaban con una impaciencia mecánica, escaneando los restos. Julián se arrastró fuera de la cabina, ocultándose bajo el chasis torcido. Sus dedos, entrenados en la miseria de los niveles bajos, buscaban desesperadamente cualquier ventaja mientras el sistema de la Academia iniciaba el proceso de "Recall". Si el handshake con su núcleo se completaba, el derecho de propiedad sobre la reliquia familiar desaparecería.

Sus manos se detuvieron al tocar algo frío y ajeno incrustado en el blindaje lateral de un dron de combate derribado durante la prueba. Era un módulo de datos de batalla de grado militar, marcado con sellos de seguridad prohibidos. No era chatarra. Era una llave.

El zumbido de los drones de limpieza se intensificó. Estaban a menos de diez metros. Julián no tenía tiempo para una instalación limpia. Con un tirón brusco, arrancó el conector de datos del módulo y lo forzó en el puerto maestro de su Vanguard. El sistema de la Academia detectó la intrusión de inmediato; una señal de bloqueo rojo inundó su visión, amenazando con freír su núcleo. Julián ignoró las advertencias, permitiendo que el código prohibido reescribiera la arquitectura de su máquina. Sintió cómo el módulo se fundía con el núcleo, una corriente de datos antiguos filtrándose por sus nervios.

El Vanguard-04, antes inerte, comenzó a emitir un zumbido armónico que no debería ser posible para un modelo de dos décadas. Las alarmas de la Academia aullaron, pero Julián ya estaba de vuelta en la cabina. La pantalla de su visor, antes parpadeante y llena de errores, ahora mostraba una superposición geométrica perfecta: trayectorias de proyectiles, puntos de presión en el blindaje enemigo y una ventana de tiempo de reacción que parecía haberse dilatado.

—¡Atención, cadete Varga! —la voz de Solís retumbó, esta vez con una nota de irritación real—. Su unidad presenta picos de energía no autorizados. Detenga la secuencia de combate de inmediato.

Julián no respondió. Su frame se movió con una fluidez antinatural, esquivando una ráfaga de plasma con una precisión que dejó a los cadetes en las gradas en silencio. Donde antes había un crujido de engranajes, ahora solo existía la sinfonía de una máquina optimizada. Con un movimiento calculado, el Vanguard lanzó un contragolpe, impactando el núcleo del dron de prueba con una potencia que hizo retumbar los cimientos de la arena.

La prueba terminó en un estallido de chispas y metal. Julián permaneció en el centro, con el frame vibrando bajo una energía que no le pertenecía. Pero al salir de la arena, el triunfo se sintió como una soga al cuello. La Directora Solís descendía de la tribuna, flanqueada por técnicos de seguridad, con los ojos fijos en la firma energética de su unidad.

—Cadete Varga —anunció Solís por el megáfono, su voz helando el ambiente—. Su rendimiento ha sido... inesperado. Dada la anomalía en su sistema, su frame queda bajo custodia inmediata para una auditoría técnica sorpresa. No se mueva.

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