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Chapter 8: Ascenso al Piso Seis

Damián limpia el Sector Seis, desbloqueando el Nivel 7 y ascendiendo al puesto 4 del ranking, pero su mecha queda inoperativo con integridad al 34 %. Lía confirma la naturaleza del Núcleo de Sincronía Invertida, mientras Bruno Calderón comienza a maniobrar para forzar un duelo en condiciones desfavorables.

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Ascenso al Piso Seis

El cronómetro sobre la plataforma de lanzamiento marcaba 28:00. Un margen de error que, en el lenguaje de la Torre, se traducía como una sentencia de muerte técnica. La notificación roja parpadeaba sobre el tablero público: CIERRE ADMINISTRATIVO DEL NIVEL 7 EN 28:00. Damián Vela, posicionado en el cuarto lugar del ranking, no era más que una anomalía estadística que la administración estaba ansiosa por corregir.

—No te lo van a perdonar, Damián —la voz del Tío Evar resonó desde la pasarela, cargada con el peso de una prudencia que Damián ya no podía permitirse—. Saca lo que puedas, firma el traslado y retírate mientras aún tengas piernas. Si te quedas, te van a desguazar en público.

Damián no respondió. Sus manos, cubiertas de grasa y cicatrices de quemaduras eléctricas, se aferraban a la baranda del hangar. A pocos metros, su armazón descansaba sobre los gatos hidráulicos, una carcasa maltrecha con el actuador lateral izquierdo colgando por un manojo de cables expuestos. La integridad estructural marcaba un 34 %. Era un milagro que la máquina aún sostuviera su propio peso, pero Damián no buscaba milagros; buscaba el acceso al Nivel 7.

—Si me retiro, pierdo el acceso —respondió Damián, sin apartar la vista de la compuerta del Sector Seis—. Y si pierdo el acceso, la deuda me entierra antes del amanecer.

Lía, oculta tras una consola de diagnóstico, lanzó un suspiro que sonó a sentencia. Sus dedos volaban sobre los registros del armazón, ignorando las advertencias del sistema de Nora Rivas.

—Damián, el registro dañado no solo sobrevivió al Sector Seis —dijo ella, con un tono que mezclaba miedo y fascinación—. Está guardando una ruta de sincronía. No es un módulo auxiliar, es el Núcleo de Sincronía Invertida. Si entras al sector y logras una activación mínima, la Torre no podrá ocultar lo que tu mecha es capaz de hacer. Pero si fallas, Nora tendrá la excusa perfecta para borrarte.

La compuerta del piso seis se abrió con un gemido agónico. El interior era un laberinto de maquinaria pesada, rieles de mantenimiento y unidades de seguridad que, al detectar su presencia, comenzaron a sellar los corredores. Damián se deslizó hacia el interior. El aire olía a ozono y metal recalentado. Apenas dio diez pasos cuando una unidad de seguridad se interpuso, bloqueando el pasillo con un escudo de planchas acopladas. No era un combate; era una ejecución técnica.

—Quieren partirte el mapa —advirtió Lía—. Te están cercando por sectores.

El primer impacto le golpeó el hombro derecho, arrancando una lluvia de chispas. Damián apretó los dientes, sintiendo la vibración del núcleo a través de los controles. La integridad del armazón cayó al 30 %. Cada movimiento era una apuesta contra la física. Damián activó el módulo prototipo, sintiendo cómo el Núcleo de Sincronía Invertida devoraba la energía restante del armazón. La sobrecarga exigió que Damián se mantuviera expuesto, en el centro de la descarga, convirtiendo su propia vulnerabilidad en un arma.

La cámara central se iluminó con un resplandor azulado cuando la sobrecarga forzó a las unidades de seguridad a un reinicio forzoso. La audiencia en las pantallas de la Torre estalló en un murmullo sordo. Por un segundo, el tablero de clasificación se congeló. Luego, el nombre de Damián subió un peldaño más, consolidando su posición.

—¡Lo tienes! —gritó Lía—. ¡El sistema no puede ignorar el registro!

Pero el costo fue devastador. Cuando la última unidad de seguridad cayó, el armazón de Damián se desplomó contra la pared del corredor, con el indicador de integridad parpadeando en rojo: 34 % y bajando. El actuador lateral izquierdo terminó de desprenderse, dejando al mecha inoperativo. La sirena de fin de prueba cortó el aire. Damián había limpiado el sector, había desbloqueado el Nivel 7 y su nombre brillaba en el puesto 4, pero su máquina era ahora poco más que un montón de chatarra con orgullo.

Nora Rivas apareció en la pantalla superior, su expresión era una máscara de frialdad institucional. Sabía que Damián había cruzado una línea, pero el público ya no le permitiría simplemente desaparecer. Sin embargo, en la sombra de la grada, Bruno Calderón observaba la escena con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Había visto la debilidad del armazón, y mientras Damián era vitoreado, Bruno ya estaba moviendo sus influencias para forzar un duelo en terreno desfavorable. La ciudad empezaba a susurrar: el ascenso de Damián Vela era una sentencia de muerte, y el siguiente piso no tendría piedad.

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