Novel

Chapter 5: La grieta en el muro

Elena negocia con un funcionario corrupto usando el manifiesto de carga para detener la demolición, pero el precio es la entrega de los registros históricos de Jia. Al regresar, un incendio provocado cerca del local de Jia confirma que el Acreedor está forzando su mano, dejando una nota con su apellido que sella su destino.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

La grieta en el muro

El manifiesto de carga sobre el escritorio no era solo papel; era una sentencia. Elena pasó los dedos por la caligrafía angulosa de su abuelo, reconociendo el trazo que diez años atrás había dictado su exilio. Aquella maleta que ella creyó una oportunidad de huida era, en realidad, un contrato de espera. El reloj de pared marcaba las 2:00 AM. En sesenta minutos, las excavadoras que ronroneaban en la periferia del barrio convertirían el edificio de Jia en escombros, borrando la única prueba física de que la red de protección de los Chen había existido alguna vez.

Elena guardó el documento en su chaqueta. El peso del papel contra su costado le recordaba que ya no era una profesional ajena al barrio, sino la garante de una deuda que el Acreedor estaba a punto de cobrar con sangre.

La oficina de urbanismo estaba sumida en una penumbra cargada de tabaco y café rancio. El funcionario, un hombre de cuello sudado y ojos huidizos, ni siquiera levantó la vista cuando ella entró. Elena no pidió favores. Deslizó la fotocopia del manifiesto sobre el escritorio, dejando que el número de serie de los contenedores de 2014 hablara por sí solo. El hombre palideció, sus dedos se crisparon sobre el bolígrafo.

—Esto es una locura —masculló él, mirando hacia la puerta cerrada—. Si esto sale, ambos terminamos en el fondo del río.

—Mi vida terminó hace diez años, cuando me obligaron a irme para que ustedes pudieran operar —respondió Elena, manteniendo la voz baja, cargada de una frialdad que no sabía que poseía—. No quiero el dinero. Solo quiero la suspensión de la demolición para el bloque de Jia.

El funcionario dudó, pero el miedo a la evidencia era más fuerte que su lealtad al Acreedor. Firmó el documento con mano temblorosa. Sin embargo, al devolverle el papel, sus ojos brillaron con una malicia nueva.

—Lo haré. Pero el manifiesto tiene un precio: necesito que entregues los registros de propiedad que Jia guarda en el sótano. Sin esos papeles, la constructora no tendrá quién se oponga legalmente a la venta. Estarás salvando un edificio, Elena, pero estarás entregando el alma del barrio.

Elena salió a la calle, con la orden de suspensión quemándole el bolsillo. El costo era claro: para salvar las paredes de Jia, debía traicionar su historia.

Al regresar, el local de Jia olía a hierbas secas y a una humedad antigua. Jia estaba tras el mostrador, sus manos callosas organizando frascos con una precisión que parecía un ritual de defensa. Elena sintió el peso del manifiesto. La orden detendría las máquinas, pero la letra pequeña de su trato con el funcionario exigía la entrega de los registros que Jia custodiaba como su mayor tesoro.

—Te ves como si cargaras un cadáver, Elena —dijo Jia, sin dejar de mirar sus frascos—. O quizás eres tú la que está enterrando algo.

Elena no respondió. El suelo se inclinaba bajo sus pies. Jia no sabía del pacto, pero sus ojos, entrenados para detectar la traición, escrutaban a Elena con una intensidad que le quemaba la piel. Elena comprendió que el sistema la estaba usando para limpiar el barrio desde dentro, eliminando a sus guardianes para que ella ocupara el vacío.

De pronto, un estruendo seco sacudió el pavimento. A pocos metros, un negocio cercano comenzó a arder. Las llamas se elevaron, iluminando la desesperación en el rostro de Jia. No era un accidente; era un mensaje. Elena sacó una nota que había encontrado entre los escombros del incendio: en ella, escrita con la misma caligrafía que el libro de cuentas de su abuelo, figuraba su propio apellido. Mientras las sirenas se acercaban, Elena supo que su elección de traicionar a Jia era ahora la única forma de salvar, al menos, las paredes que aún quedaban en pie. El tiempo se agotaba.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced