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Chapter 7: El libro de contabilidad

Elena y Julián localizan el Libro C-9 en una propiedad olvidada de los Valdés tras un enfrentamiento armado. El hallazgo revela que el abogado de Julián ha sido el traidor interno que orquestó la quiebra de los Valdés bajo las órdenes de Victoria.

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El libro de contabilidad

La suite en Ginebra no era un refugio; era una jaula de cristal con vistas a un lago tan gélido como la mirada de Julián de la Vega. Elena dejó su bolso sobre la mesa de mármol, el eco de sus pasos resonando como una sentencia. La traición de Victoria de la Vega ya no era una sospecha, sino una herida abierta que desangraba su legado.

Julián se despojó de su chaqueta con una parsimonia que ocultaba una tensión eléctrica. Sus ojos, oscuros y calculadores, se clavaron en ella mientras encendía una tableta encriptada.

—El Libro C-9 no es solo una lista de activos, Elena —dijo, su voz cortante, desprovista de cualquier calidez—. Es el mapa de cómo mi madre desmanteló a los Valdés pieza por pieza, y de cómo planea hacer lo mismo con mi holding si no lo recupero primero.

Elena se irguió, sosteniendo su mirada con la dignidad que le quedaba.

—Entonces, ¿por qué no lo has expuesto? ¿Por qué seguir con este teatro del matrimonio si tienes el poder de destruirla?

—Porque no puedo hundirla sin arrastrar mi propia reputación al abismo —respondió él, acercándose hasta que el espacio entre ambos se volvió peligroso—. Necesito que el mundo crea que este matrimonio es real, o ambos seremos devorados por los lobos que esperan en la puerta.

Julián deslizó el dispositivo hacia ella. Los datos eran irrefutables: una red de cuentas offshore y transferencias que llevaban la firma digital de alguien dentro de su círculo de confianza. No era solo Victoria; era una traición interna. Elena sintió un escalofrío. Si el enemigo estaba tan cerca, su única salida era la alianza total.

El rastro los llevó a las afueras de la ciudad, a una propiedad de los Valdés que se creía perdida tras la quiebra. Mientras el coche devoraba los kilómetros, la tensión en el habitáculo era palpable. De repente, un vehículo negro cerró el paso en una curva cerrada. Julián reaccionó con una frialdad que le heló la sangre: maniobró con precisión, su cuerpo actuando como un escudo humano mientras bajaba del coche. El sonido de un disparo quebró el silencio del bosque. Julián no dudó; arriesgó su propia integridad, exponiéndose al fuego enemigo para ganar los segundos que Elena necesitaba para llegar a la verja de la mansión.

Lograron entrar en la casa, un mausoleo de polvo y recuerdos. El aire, denso y viciado, olía a madera podrida. Elena sacó de su abrigo la llave de hierro forjado que había custodiado como su último tesoro.

—Si esta llave no abre nada, habremos desperdiciado nuestra última ventaja —advirtió Julián, con la respiración agitada y la ropa manchada por la tierra de la huida.

Elena no respondió. Se dirigió a la biblioteca, donde el suelo presentaba una irregularidad casi imperceptible bajo una estantería de roble. Introdujo la llave en una ranura oculta tras el zócalo. El mecanismo gimió, un sonido seco que resonó en el silencio sepulcral. Una sección del entablado cedió, revelando una caja de seguridad reforzada con el sello de su padre.

Al abrirla, sus dedos temblaron al tocar el cuero negro del legajo. No era solo una contabilidad. Al hojear las primeras páginas, la verdad la golpeó con la fuerza de un rayo: las firmas, las fechas, las órdenes de transferencia. El Libro C-9 no solo documentaba el robo de su familia; exponía que el abogado principal de Julián, el hombre que gestionaba la alianza, había estado operando como el ejecutor de Victoria desde el principio.

Elena levantó la vista hacia Julián. La penumbra de la biblioteca acentuaba la dureza de sus facciones, pero en ese momento, la sospecha había dado paso a una comprensión compartida. El traidor no era un extraño; era la mano derecha de Julián, el hombre que conocía cada secreto de sus finanzas. La alianza entre ellos dejó de ser un contrato de conveniencia para convertirse en un pacto de venganza. Con la prueba en sus manos, Elena supo que el juego había cambiado: ya no estaban huyendo, estaban listos para contraatacar.

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