Chapter 12
El silencio en la oficina de los Leal no era ausencia de sonido; era una presión física, un peso acumulado que Valeria sentía en los tímpanos. Sobre el escritorio, la llave de hierro y el sello de gestión descansaban como dos parásitos metálicos. Treinta y ocho horas para el cierre de la transferencia offshore. Treinta y ocho horas para decidir si su vida, tasada al nacer como un «activo de transferencia» en los libros de su padre, terminaría siendo el combustible que mantendría a flote la red que asfixiaba al Barrio Chino.
Valeria deslizó el cajón inferior y extrajo el sobre con el sello de cera fracturado. La nota manuscrita de su madre, con su caligrafía nerviosa, no ofrecía consuelo
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